domingo, 9 de noviembre de 2008

Segunda oportunidad

Un poco más de siete años atrás, mientras el centro de Manhattan todavía respiraba el polvo tóxico en el cual se habían convertido las Torres Gemelas, los Estados Unidos recibían el apoyo del mundo entero con un gesto de entendimiento global que había sido ajeno a las políticas del siglo XX y que iba más allá de una simple simpatía por el dolor de la tragedia ocurrida el 11 de septiembre del 2001.

En medio de la desgracia, era reconfortante presenciar el afán con el cual los líderes del mundo (incluidos aquellos hostiles a Washington) querían ponerse del lado de una nación que históricamente había sido condenada por su intervencionismo en todos los rincones del planeta. Parecía, como si de repente, aquel acto infame estuviera paralelamente abriendo la ventana a un diálogo y un consenso global sobre los valores que deberían moldear nuestro futuro colectivo.

George W. Bush se encontró entonces con una oportunidad histórica sin precedentes: El mundo se había convertido de la noche a la mañana en un sólo aliado. Sin embargo, la respuesta que le dio la administración republicana a dicha oportunidad fue la implementación de una agenda neoconservadora que prefirió el unilateralismo a la posibilidad de consenso. La activación de tal agenda se convertiría en el punto de partida de un periodo oscuro dominado por la incertidumbre.

Siete años después, la comunidad internacional parece devolverle a los Estados Unidos la simpatía que George W. Bush desperdició con su arrogancia. Dicha simpatía tiene su origen lógicamente en la elección de Barack Obama a la presidencia del país. De hecho, si el mundo hubiera votado con el pueblo estadounidense el pasado 4 de noviembre, el planeta entero habría quedado pintado de azul demócrata. El siglo XXI ha decidido darle a los Estados Unidos una segunda oportunidad de construir el liderazgo que nuestro tiempo demanda.

Vale la pena anotar, sin embargo, que la oportunidad que se le presentó a Bush seguramente fue mucho más grande que la que aparentemente tendrá Obama. Mientras el presidente republicano pudo haber generado liderazgo construyendo, Obama tendrá que generar liderazgo reparando. Siete años atrás, el terror sembrado por el 11 de septiembre había volcado el mundo en torno a los ideales que sostienen la democracia estadounidense. Hoy por hoy, después de que dicho ideales han sido pisoteados por una guerra innecesaria y escándalos como el de Abu Ghraib, Obama tendrá que lidiar con una comunidad internacional más reservada en su apoyo.

A pesar de ésto, el mundo le ha dado una cálida bienvenida a la elección de Obama creando con ello la esperanza de que los asuntos más importantes del momento puedan finalmente ser tratados en un foro de consenso. A lo largo de su campaña, el nuevo presidente transmitió un mensaje visionario que de ser puesto en práctica bien podría darle la oportunidad al mundo de comenzar finalmente el siglo XXI. A George W. Bush la tarea le quedó grande. Esperemos que a Barack Obama no le suceda lo mismo.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Tiempo de soñar

En un año político marcado por la lucha entre la experiencia y el cambio, la histórica victoria de Barack Obama refleja la voz de una nación que de frente a una de sus peores crisis en los últimos tiempos ha optado por reinventarse de nuevo. La victoria del senador de Illinois fue merecida y su campaña se convirtió en un fenómeno global sin precedentes que ha puesto a soñar al mundo.

Un nuevo capítulo se abre en la historia moderna con la elección de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos. El status quo como lo conocíamos hasta hoy cambia radicalmente no sólo por el hecho de que la Casa Blanca abre por primera vez sus puertas a un afro-americano, sino porque las maquinarias políticas tradicionales han sido derrotadas por una nueva forma de concebir el espíritu político de la nación.

Obama salió victorioso de unas primarias sangrientas contra la maquinaria Clinton gracias a la consistencia de su mensaje y a la estrategia que le montó David Plouffe, su director de campaña, la cual giró en torno a la construcción de un poderoso voluntariado y un detallado estudio del territorio político estaounidense que le permitieron a la campaña maximizar sus victorias y minimizar sus derrotas, hecho fundamental en una contienda que giraba en torno al número de delegados obtenidos.

La victoria en las primarias le permitió a Obama llegar fortalecido al enfrentamiento con McCain el cual a su vez terminó por debilitarse en la querella con el contrincante demócrata después de haberse despojado del positivo caracter de maverick que le ha definido su carrera política. Para McCain, el hecho que pudo haberle costado la elección, fue precisamente el haber sacrificado su aura de republicano sui géneris apelando al cronismo de la base de un partido que se ha quedado enfrascado en un discurso pseudo moral dominado por la intolerancia. Reflejo de lo anterior fue la errada elección de Sarah Palin como fórmula vicepresidencial.

Si a los errores de McCain le sumamos el legado nefasto de la administración Bush y las motivaciones de los votantes que fueron a las urnas (para el 62% del electorado la situación económica fue la razón que movió su voto), las posibilidades de McCain de ganar la presidencia se habían ido reduciendo paulatinamente a un milagro. Sin embargo, el verdadero milagro ocurrió de la otra parte y un afro-americano logró por primera vez en la historia inspirar a todo un país recreando el sueño americano de una manera inigualable.

El triunfo de Obama ha dejado al mundo entero lleno de optimismo. Las celebraciones en las distintas ciudades de Estados Unidos son un fenómeno nuevo que reflejan la alegría del cambio que ha llegado. El cronismo de la derecha de Bush tiene sus días contados y al mundo no le queda sino desearle lo mejor al nuevo presidente. Si Obama logra integrar su mensaje a la difícil agenda que deberá manejar cuando sea presidente, sólo nos queda pensar que el futuro será mucho mejor. ¡Es tiempo de soñar!

miércoles, 8 de octubre de 2008

Ausencia

Para las personas que han visitado mi blog y no han visto nada nuevo ya en bastante tiempo sólo quisiera decirles que por cuestiones de tiempo y sobre todo de tanto trabajo no he tenido un minuto para dedicarme a escribir una columna sobre la apasionante carrera presidencial en los Estados Unidos la cual continúo a seguir muy de cerca a pesar de mi ausencia de este blog.

Sin embargo, espero poder escribir un artículo final con respecto al desenlace de la carrera electoral de este año. Por el momento pienso que sólo nos falta esperar si el cambio podrá más que la experiencia o visceversa. Sea quien sea el nuevo presidente, será mucho lo que el próximo mandatario de los Estados Unidos tendrá que hacer para levantar al país de la crisis en la cual se encuentra.

domingo, 8 de junio de 2008

Un adiós memorable

Fue emocionante el discurso con el cual Hillary Clinton cerró su histórica campaña presidencial. Un mensaje positivo y sincero con el cual respaldó a Barack Obama e invitó a la unidad del partido. Al mejor estilo de Obama, la senadora finalmente nos regaló algo de lo que siempre soñamos ver todos los que de una u otra forma nos habíamos entusiasmado con su sueño de alcanzar la Casa Blanca.

Las palabras con las que Hillary Clinton abandonó la contienda electoral giraron alrededor de tres temas fundamentales: gratitud, progreso y unión. En su mensaje de despedida, la senadora agradeció el apoyo que recibió de casi 18 millones de votantes en la fase de primarias, destacó el progreso que su país ha alcanzado en materia de igualdad social haciendo referencia al increíble entusiasmo que recibió su campaña y la de Obama y terminó exhortando a sus seguidores a unirse detrás de la candidatura del senador de Illinois y de los valores que guían al partido demócrata.

En términos generales, el discurso de Clinton fue un dignísimo cierre de campaña que deja una reflexión positiva sobre el avance del individuo en la sociedad estadounidense, particularmente de las mujeres y las minorías étnicas. La alocución estuvo llena de puntos altos y en uno de ellos la senadora nos dijo que “de ahora en adelante no será extraordinario para una mujer ganar primarias, no será extraordinario tener a una mujer haciendo parte de una contienda de candidatura cerrada y no será extraordinario pensar que una mujer pueda convertirse en el presidente de los Estados Unidos. Y ésto (añadió la senadora) es verdaderamente extraordinario”. Un mensaje que brilla por su profundidad y sobre todo por la sinceridad y elocuencia con la cual lo transmitió la senadora, algo con lo que paradójicamente tuvo problemas durante toda la contienda.

En términos más concretos, las palabras de Clinton legitimizan la victoria de Obama y sientan un pilar de unión que seguramente será muy importante para el senador en su enorme tarea de limar las asperezas que han quedado después de la fase de primarias. El mensaje de apoyo a Obama fue sentido e inclusive la senadora hizo uso del slogan Yes, We Can (Si, Podemos) del senador para expresar su apoyo incondicional a la candidatura del mismo. En todo caso, no dejó de ser evidente que mucha de la gente presente en el National Building Museum, lugar en donde Clinton cerró su campaña, no se dejó contagiar por un grandísimo entusiasmo cada vez que la senadora hacía un apelo a sus seguidores para que apoyaran la candidatura de Obama.

Precisamente de este tipo de reacción nace la pregunta fundamental sobre el legado de las primarias que Clinton acaba de cerrar: ¿Podrá el partido demócrata recuperar la unión que ha perdido en esta contienda?. Esa es la pregunta del millón y mucho dependerá de la forma en que Obama se acerque a la clase trabajadora blanca y sobre todo de la forma en que sepa ganarle el debate de ideas a McCain. Por el momento Clinton comenzó a rescatar con su discurso de despedida la unión de un partido que se dejó polarizar por una guerra en la que no debió haber nunca entrado.

Al final del discurso de Clinton, queda un poco la nostalgia de saber que el sueño de ver a una mujer dirigiendo las riendas de los Estados Unidos tendrá que esperar. Sin embargo, la responsabilidad de dicha insatisfacción recae en el actuar de la senadora y de una campaña que afrontó la contienda con la soberbia propia de aquellos que dan todo por descontado. El memorable discurso de despedida de la senadora mostró lo mejor de Hillary Clinton y con él finalmente la senadora nos dio algo de lo que nos quedó debiendo.

miércoles, 4 de junio de 2008

Cambio vs. experiencia (segundo acto)

La candidatura de Barack Obama finalmente se convirtió en una realidad y el partido demócrata ha optado por una bandera de cambio para luchar contra la experiencia del candidato republicano John McCain. Una querella que de plantearse en un plano positivo será memorable por el choque de ideas.

La fase de primarias que cerraron Dakota del Sur y Montana, se concluyó con una noche memorable para la política estadounidense que le ha dado la oportunidad a Barack Obama de convertirse en el primer afro-americano en alcanzar la candidatura presidencial del partido demócrata en su historia. Un hecho tremendamente positivo para el avance de las minorías étnicas del país que extiende a una nueva dimensión el concepto del sueño americano. La victoria de Obama, producto de una campaña bien elaborada y de un mensaje refrescante y optimista que contagió a una nueva generación de votantes, simboliza además el triunfo del cambio sobre la experiencia.

Es precisamente este duelo del cambio contra la experiencia el que igualmente definirá la contienda de los próximos cinco meses entre Obama y McCain. Lo interesante de dicho duelo (a diferencia del enfrentamiento demócrata entre Obama y Clinton) será que este debate pondrá cara a cara a dos candidatos que poseen visiones del mundo diametralmente opuestas en prácticamente todas las esferas de acción. En otras palabras, el electorado tendrá la fortuna de poder escoger entre dos individuos que ven con ojos muy distintos la situación en Iraq, la guerra contra el terrorismo, el libre comercio, el manejo de impuestos, las políticas ambientales y el papel del estado en distintas funciones administrativas.

Dicho choque de ideas será fundamental para dos candidatos cuya primera misión (curiosamente común a ambos) será la de tratar de unificar las bases de sus respectivos partidos. McCain todavía tiene que hacer muchas cosas para ganarse el afecto del brazo conservador republicano y Obama tiene por delante la ardua tarea de unificar a un partido demócrata que termina polarizado después de una fase de primarias en donde el juego sucio, promovido principalmente por Clinton, sembró resentimientos que no serán fáciles de reconciliar.

Para Obama la campaña presidencial que comienza a elaborar desde ahora será como un proyecto práctico en el que podrá demostrar lo que pregona. Tal y como lo expresa un reciente análisis de Johnathan Allen en Congressional Quarterly, el éxito de Obama de unificar a su partido después de unas primarias que dividieron a los demócratas, será visto como una prueba de su habilidad para cumplir con la promesa de unir al país como presidente. Si Obama fracasa en dicho objetivo, fracasará en su empresa de alcanzar la Casa Blanca. Precisamente eso será lo que tratará de buscar McCain y por tal motivo no sería raro que el candidato republicano se deje seducir por la idea de querer agrandar las heridas que ha dejado Clinton en la imagen de Obama haciendo uso de ataques envenenados como los de la senadora.

Sin embargo, la facilidad que tiene McCain de atraer votantes independientes y moderados a sus huestes (virtud que también posee Obama) lo puede llevar a optar por el choque de ideas en lugar de artimañas negativas en contra de Obama. Por el bien de unas sanas elecciones presidenciales, sería bueno que el enfrentamiento entre McCain y Obama se centrara en el debate de ideas y no en hechos tangenciales a las personalidades de ambos candidatos. El duelo demócrata dejó mucho que desear en ese sentido probablemente porque las diferencias de fondo entre ambos candidatos eran pocas. Ahora que la contienda parte con un antagonismo definido sería ideal que esta segunda batalla entre el cambio y la experiencia se centre en las ideas. De ser así, lo mejor todavía está por venir.

lunes, 2 de junio de 2008

Que gane el juego limpio

La salomónica decisión que el Comité Demócrata Nacional adoptó con respecto a los delegados de Michigan y Florida dejó la carrera demócrata en el mismo limbo en que se encontraba antes de dicho pronunciamiento. Un limbo que seguramente terminará por premiar la decencia política de la campaña de Obama.

El fallo del Comité Demócrata Nacional (DNC, por sus siglas en inglés) fue salomónico porque logró reconciliar dos posiciones fundamentales: hacer respetar las reglas del ente rector del partido y hacer valer el voto de todo el electorado. Por el bien de la unidad del partido, el DNC reajustó las sanciones que le había impuesto a Michigan y Florida reconociendo la mitad del voto de los delegados adjudicados a dichos estados. Esta decisión fue una derrota para la campaña Clinton que esperaba obtener un conteo absoluto de los delegados que había obtenido en ambas primarias.

Howard Dean, presidente del DNC, había abierto el debate sobre Michigan y Florida diciendo que dicha reunión no tenía nada que ver con las campañas de Obama y Clinton sino con la unidad del partido. A pesar de que el DNC actuó dentro de dicho marco, fueron precisamente los intereses de Clinton en la contienda los que motivaron el acalorado debate sobre delegados en disputa.

Muchos de los seguidores de Clinton invadieron las inmediaciones del hotel Marriot Park Wardman en D.C. (sede de la reunión) y no se cansaron de sabotear con chiflidos y gritos los pronunciamientos de cualquier miembro del DNC que se atrevía a poner en tela de juicio el conteo total de delegados en cuestión. Muchos de estos seguidores llegaron promulgando la idea de que el DNC les estaba robando los votos y que el despojo total de delegados era antidemocrático.

El disgusto de los seguidores de Clinton es entendible pero cínico por su oportunismo. Basta sólo recordar que cuando el DNC decidió despojar de todos sus delegados a Florida y Michigan por haber adelantado sus primarias violando las regulaciones del ente rector del partido, todos los candidatos demócratas, incluída Hillary Clinton, aceptaron la sanción y se comprometieron a no hacer campañas en dichos estados. Como consecuencia de lo anterior, la gente que votó en Michigan y Florida sabía perfectamente que su pronunciamiento electoral era de tipo simbólico.

Lo verdaderamente irritante del caso que Clinton promovió el pasado sábado ante el DNC es que su campaña no hizo nada por rescatar la unidad del partido sino que se limitó a tratar como un robo cualquier postura que no reconociera un conteo total de delegados. Harold Ickes, uno de los consejeros más altos de la campaña de la senadora, se refirió a la nueva decisión adoptada por el DNC como un secuestro de delegados en favor de Obama. Ickes terminó su intervención con un tono desafiante con el cual anunciaba que su candidata le había dado instrucciones de reservarse el derecho de apelar la decisión del DNC abriendo la posibilidad de extender dicha disputa hasta la convención del partido.

La actitud de Ickes es el reflejo de una campaña desesperada que no sabe que inventarse para ganar la contienda. ¿Por qué no se habló de robo de votos cuando el DNC anunció la sanción contra Florida y Michigan a principios de este año? Seguramente porque Hillary pensaba que la candidatura la tendría lista en febrero después del supermartes. Ahora que a Clinton le convenía hacer valer los votos de dichas primarias, la decisión del DNC dejó de ser una sanción para convertirse en un robo.

El DNC tomó la decisión correcta en favor de la unidad del partido. Con el cierre de la fase de primarias esta semana, los superdelegados que todavía no se han adherido a ningún candidato tienen la oportunidad de abrazar el juego limpio que ha planteado Obama en esta contienda y castigar la politiquería al mejor estilo republicano que ha definido la campaña de Clinton. Llegó el momento de premiar la decencia.

lunes, 26 de mayo de 2008

Otra oportunidad para decidir

La decisión del próximo 31 de mayo que efectuará el Comité Demócrata Nacional (ente rector del partido demócrata) con respecto a los delegados de Michigan y Florida podría equiparase en importancia a otra primaria. Por el bien de la credibilidad del partido demócrata, lo mejor sería que dicho pronunciamiento terminara de una vez por todas con las aspiraciones presidenciales de Hillary Clinton.

En las últimas dos citas electorales, Hillary Clinton le propinó estruendosas derrotas a Barack Obama en West Virginia y Kentucky. Derrotas que por márgenes extensos reflejan los grandes problemas que Obama está teniendo con el voto de la clase trabajadora blanca en toda la franja de estados situados en los apalaches y la zona industrial del Midwest. A pesar de ésto, la senadora no ha logrado remontar la estrecha pero consolidada ventaja de la cual goza Obama con el voto popular y los delegados de su partido.

Si bien es cierto que Clinton ha pegado duro y la estrategia de haber jugado la carta racial en contra de su oponente ha generado una polarización al interno del partido que le ha favorecido, Obama se encuentra hoy por hoy ad portas de alcanzar la candidatura demócrata gracias a que ha seguido sumando delegados con sus buenas actuaciones en estados como Carolina del Norte y Oregón. Igualmente, muchos de los superdelegados (activistas del partido cuyo voto no está ligado a los resultados de ninguna primaria o comicio) se han ido moviendo poco a poco en favor de la candidatura del senador de Illinois.

Tal vez por frustración propia, Clinton se ha dedicado por estos días a gritar a los cuatro vientos como un Quijote en delirio que ella lidera el voto popular de esta fase de primarias. Dicho delirio podría ser una realidad siempre y cuando el Comité Demócrata Nacional (DNC, por sus siglas en inglés) le otorgue a la senadora los delegados que acaparó en sus victorias de Michigan y Florida. El problema radica en que dichos triunfos fueron simplemente simbólicos ya que estos estados perdieron la totalidad de sus delegados cuando decidieron adelantar sus primarias violando las reglas del DNC. Por la misma razón, Obama no apareció en la balota de Michigan y tampoco hizo campaña en Florida.

Ahora que la campaña Clinton parece estar dándose cuenta de que su plan de persuasión con los superdelegados está fallando, la maquinaria de la senadora ha comenzado a presionar al DNC para que tenga en consideración a los delegados de Michigan y Florida. Si el DNC decide otorgarle a Clinton los delegados obtenidos en dichos estados, la senadora podría retomar el liderazgo de la contienda. Si por el contrario, el DNC decide hacer respetar sus reglas, las esperanzas de Clinton podrían de una vez por todas esfumarse.

Más allá de todo, la pregunta sensata que el partido demócrata debería plantearse ahora es la siguiente: ¿Considerando la forma en que se han desarrollado estas primarias, sería justo que Hillary Clinton ganara la candidatura del partido? La respuesta sensata es no. Si bien es cierto Clinton ha demostrado ser una contendiente ejemplar no nos debemos olvidar que la campaña de la senadora es la misma que pensaba haber aniquilado a Obama en febrero después del Super Martes, la misma que ha jugado una guerra sucia manchada por el divisionismo racial del país y la misma que pretende centrar sus esperanzas de victoria en remover las sanciones contra dos estados que desde el inicio se sabían no estaban en juego para ningún candidato.

Ante una matemática que se le escapa y unos superdelegados que no se han dejado impresionar por sus últimos triunfos, Clinton continúa esperando que un milagro destruya la campaña de Obama. Ejemplo de lo anterior lo deja ver un reciente comentario de la senadora en el que destacaba la importancia de prolongar la contienda demócrata haciendo referencia al asesinato de Robert Keneddy en 1968. El 31 de mayo el DNC tiene la oportunidad de acabar de una vez por todas con un asunto que los superdelegados no han querido resolver.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Punto de quiebre para Obama

La última contienda electoral en Indiana y Carolina del Norte puede significar el punto de quiebre que Barack Obama necesitaba para terminar con las aspiraciones de Hillary Clinton a la candidatura demócrata. Obama pegó duró en el momento en que su campaña atravesaba la peor crisis de estas primarias demostrándole a su partido y a los superdelegados del mismo que tiene las herramientas necesarias para pelear con criterio la Casa Blanca.

Los pronósticos de las encuestas no se equivocaron y tal como se esperaba Hillary Clinton se llevó la victoria en Indiana mientras que Barack Obama se quedó con el voto en Carolina del Norte. Sin embargo, el factor sorpresa lo dio el escaso margen con el cual Clinton ganó en Indiana (51%-49%) y la apabullante victoria que Obama aseguró en Carolina del Norte (56%-42%). Con dichos resultados, la noche se terminó convirtiendo en un gran paso hacia adelante para Obama en su propósito de alcanzar la candidatura del partido demócrata.

Hillary Clinton esperaba que Indiana le diera una victoria similar a la conseguida en Pennsylvania con el objetivo de seguir presentándose como la candidata con más fuerza para derrotar a John McCain en las elecciones de noviembre. Sin embargo, el triunfo en Indiana le resta considerablemente fuerza al caso de persuasión que la senadora está tratando de construir ante los 270 superdelegados que todavía no han decidido a quien apoyar. En Indiana, Clinton demostró que no es tan fuerte como lo quiere hacer ver.

Por su parte, Obama siguió inspirando a la gente y a pesar de haber llegado golpeado por todo el culebrón que la prensa ha montado en torno a la relación con su pastor, el senador de Illinois siguió sumando delegados a sus arcas y consolidando un voto popular cada vez más inalcanzable para Clinton. Lo más importante de todo es que Obama ha demostrado ser capaz de salir a flote en momentos de crisis y de esta forma ser un contendiente ejemplar. Para un candidato que sigue llevando gente a las urnas, ganando adhesiones y recolectando fondos como lo hace Obama las posibilidades de dar una buena pelea ante McCain son buenas y de eso están tomando atenta nota los superdelegados.

A Hillary no le queda mucho por hacer, cerrar la cuenta de delegados comprometidos que Obama lidera será prácticamente imposible y con su pobre margen en Indiana ha sembrado muchas dudas ante los superdelegados que en últimas terminarán definiendo al ganador de la contienda. Sin embargo, dada la forma en que Hillary ha asumido estas primarias, será dificil imaginar que la senadora piense en retirarse. Ahora más que nunca seguramente su campaña comezará a pelear por los delegados de Florida y Michigan que en la actualidad no hacen parte del conteo total de delegados. Vale la pena recordar que dichos estados fueron despojados de sus representantes por haber adelantado sus primarias violando las regulaciones del Comité Nacional Demócrata. A pesar de que Hillary ganó en ambos estados, Obama no hizo campaña en Florida y su nombre ni siquiera hizo parte de la balota en Michigan.

De ahora hasta el 3 de junio cuando se cierre el periodo de primarias no quedan muchos delegados en juego y el peso de los estados no es considerable. Por dicha razón, el virtual empate en Indiana puede significar la estocada final de la campaña Clinton. Si la senadora tuviera un poco de sensatez lo mejor que podría hacer sería retirarse con dignidad sin seguir prolongando su agonía y dañando la imagen del futuro candidato del partido. A Hillary sólo la salva un milagro y su triunfo en Indiana puede, paradójicamente, convertirse en su peor derrota de estas primarias. Obama ha finalmente alcanzado el punto de quiebre que tanto estaba buscando.

viernes, 25 de abril de 2008

Tiempo de actuar

Más que tratar de arrebatarle a Barack Obama el liderazgo sobre el voto popular, la victoria de Hillary Clinton en Pennsylvania buscaba persuadir a los superdelegados indecisos de apoyar sus credenciales. En búsqueda de dicho objetivo, Clinton no sólo continuó desmoronando la imagen de su oponente sino también las posibilidades del partido demócrata de alcanzar la Casa Blanca. Es tiempo que los superdelegados salven la suerte de su partido.

Tal y como se esperaba, Hillary Clinton ganó la primaria en Pennsylvania. La sólida victoria de la senadora por 10 puntos sobre Barack Obama superó las expectativas y terminó por complicar todavía más la enredada cuenta de delegados que terminará en últimas señalando al aspirante demócrata a la presidencia.

Sin embargo, la campaña de la senadora sabe muy bien que matemáticamente será prácticamente imposible quitarle a Obama su liderazgo de delegados comprometidos y por lo tanto el voto popular que el senador ha establecido en favor suyo. Por dicha razón, las esperanzas de Clinton radican en covencer a los superdelegados de que ella es la mejor opción para vencer a McCain.

Los superdelegados (activistas del partido que representan el 20% del total de delegados) son los únicos que podrán entrar a decidir la suerte de la candidatura demócrata. Dichos superdelegados fueron creados precisamente con la idea de resolver situaciones de empate como la de este año brindándole al candidato elegido una mayoría sólida encaminada a legitimizar su nombre ante los electores.

En Pennsylvania, Clinton reafirmó un argumento importante para persuadir a los superdelegados: su capacidad de ganar los estados más importantes de la nación. Con su victoria en dicho estado, la senadora no sólo se llevó el último gran trofeo de la estación de primarias sino que además su campaña aseguró una barrida total de los estados más fuertes. Haber ganado California, Nueva York, Texas, Ohio y Pennsylvania (sin contar con sus triunfos “simbólicos” en Michigan y Florida) le ayuda a la senadora a construir un caso fuerte para persuadir a los superdelegados que todavía no han decidido a quien apoyar.

Es precisamente un caso de persuasión el que la campaña Clinton ha venido elaborando desde hace tiempo. Un caso que por encima de todo busca cuestionarle a Obama su elegiblidad atacando la capacidad que el senador tiene de ganar en estados grandes, de definir la contienda a su favor a pesar de tener el doble de fondos en sus arcas y sobre todo de acaparar el respaldo de la clase trabajadora blanca que prefiere votar por Clinton y McCain antes que por el senador de Illinois.

Obama, por su parte, sigue aferrado a que la ventaja que tiene sobre el voto popular le ayude a ganar el respaldo de los superdelegados partiendo del principio demócratico bajo el cual estos activistas deberían premiar al candidato que gane el voto popular. Así las cosas, la carrera demócrata se ha transformado en una lucha abierta entre la persuasión y la matemática.

Lo único cierto, es que el paso del tiempo sólo ha ayudado a sembrar dudas sobre la elegibilidad de Obama mientras que ha disparado a las nubes las percepciones negativas que los electores tienen de Clinton quien para muchos ha jugado una campaña sucia y divisoria. Resultado palpable de lo anterior se ve en la forma en que los seguidores de cada bando comienzan a afirmar con más vehemencia que prefieren votar por McCain en las elecciones presidenciales en caso de que su candidato no gane las primarias.

Tal y como lo dice un reciente editorial del New York Times (periódico que de paso apoyara la candidatura de Clinton a la presidencia), es tiempo que Hillary Clinton se retire de la carrera y deje que su partido se mueva detrás de Obama quien, a menos de que ocurra algo extraordinario, será el vencedor del voto popular. Mientras Hillary sigue esperando que algo extraordinario ocurra, el partido demócrata continuará dividiéndose más y más.

Si el partido demócrata quiere conservar opciones altas de ganar la Casa Blanca, es tiempo que los superdelegados abracen la candidatura del virtual ganador del voto popular y castiguen la arrogancia de una candidata que está poniendo sus intereses personales por encima de los de su partido.

jueves, 20 de marzo de 2008

Estrategias de guerra (Parte II)

Para alcanzar la candidatura demócrata, un candidato debe obtener el respaldo de al menos 2.025 delegados en la fase de primarias. Este respaldo se asegura generalmente en la mitad de dicha fase. Sin embargo, este año con la cerrada lucha entre Clinton y Obama, la posibilidad de que uno de los candidatos alcance el número mágico de delegados se aleja cada vez más. Por tal razón, el voto de los superdelegados crece en importancia como uno de los vehículos a través de los cuales se puede desempatar la contienda.

Durante la fase de primarias cada estado otorga un cierto número de delegados. Dicho número está compuesto por delegados comprometidos y no comprometidos (superdelegados). Por ejemplo, de los 40 delegados que otorga Mississippi, 33 son delegados comprometidos y 7 son superdelegados. Los 33 delegados se distribuyen proporcionalemente entre los candidatos dependiendo de los resultados de la primaria y éstos quedan comprometidos a pronunciarse a favor de un determinado candidato en la convención de partido que elige al ganador de la contienda. Son precisamente los delegados comprometidos los que representan el voto popular. Por el contrario, los 7 superdelegados no quedan comprometidos con ningún candidato después de la primaria sino que pueden optar por adherirse al candidato de su predilección.

Los superdelegados son líderes del partido que incluyen congresistas y gobernadores. Este año serán 795 los superdelegados que participarán en la convención del partido en Denver. Considerando que la diferencia actual de delegados entre Obama y Clinton es de más o menos 150 delegados, el peso de la adhesión de un bloque fuerte de superdelegados a una campaña podría ser definitivo a la hora de definir el ganador de la querella.

Clinton y Obama interpretan de manera diferente la forma en que los superdelegados deberían adherirse a un candidato. Para Obama se trata de hacer respetar el voto popular. Según el senador, aquel candidato que al final del periodo de primarias haya ganado la mayoría de delegados comprometidos debe recibir el apoyo de los superdelegados. Por su parte, Hillary cree que los superdelegados deben apoyar al candidato que demuestre tener más potencial para derrotar a John McCain.

Ambas tesis son entendibles si se tiene en cuenta que Obama lidera el conteo de delegados. Por la misma vía, se entiende la estrategia de Hillary de atacar a Obama llevando la lucha con su rival a un terreno hostil del cual será difícil salir. Bajo estas condiciones, la adhesión de los superdelegados a un candidato ofrece la posibilidad de unir o polarizar al partido afectando de manera positiva o negativa el respaldo del cual gozará el futuro nominado en las elecciones de noviembre.

Si Clinton gana el voto popular y agarra el apoyo de los superdelegados venciendo a Obama con su propia fórmula, la senadora contará con el respaldo de su partido en las elecciones de noviembre. Si por el contrario la senadora pierde el voto popular pero a través de artimañas políticas gana el apoyo de los superdelegados, la gente quedará con la amarga sensación de que su voto no contó aniquilando el entusiasmo que los demócratas han llevado a las urnas este año.

Por el otro lado, si Obama gana el voto popular de manera contundente logrando trasmitir en las últimas primarias que es un candidato con aceptación importante dentro de los grupos que Hillary ha dominado hasta el momento (clase trabajadora blanca, latinos y mujeres) seguramente contará con un fuerte respaldo en noviembre. Si por el contrario, Obama gana el apoyo de los superdelegados sin haberle trasmitido confianza al electorado sobre sus capacidades de dirigir la nación, su candidatura podría alienar un segmento considerable de la base demócrata en favor de McCain.

Todo está por verse. Lo único cierto es que la prolongación del empate entre Clinton y Obama acrecienta el impacto que los superdelegados tendrán en la solución final de dicha contienda. Si a través de este medio se termina por resolver la candidatura demócrata, el éxito del próximo aspirante a la presidencia dependerá en gran parte de la forma en que los superdelegados se adhieran a una determinada campaña. En las manos de los superdelegados puede estar en últimas la responsabilidad de que los demócratas ganen o pierdan la Casa Blanca.

viernes, 14 de marzo de 2008

Estrategias de guerra (Parte I)

Después de la victoria de Barack Obama en Mississippi, la carrera demócrata entró en un periodo de seis semanas de suspenso en el cual los candidatos tendrán que mover sus fichas con inteligencia si es que quieren sacar buenos dividendos del voto que Pennsylvania pronunciará el próximo 22 de abril. Una cita crucial que podría definir el tono con el cual se cerrará la fase de primarias.

Hay dos factores que jugarán un papel importante en el ambiente político de las próximas semanas: el primero tiene que ver con la estrategia que Obama implementará de aquí en adelante para contrarestar los ataques de Clinton. El segundo, consiste en comenzar a definir la forma en que se va a desempatar la contienda demócrata sobre todo en lo que respecta al papel que los superdelegados tendrán en dicho desenlace.

A pesar del momentum que ha recapturado Obama con sus triunfos en Wyoming y Missisippi, la campaña del senador todavía no ha terminado de asimilar las derrotas en Texas y Ohio. Dicho revés debilitó el mensaje idealista de Obama gracias a una serie de formidables y despiadados ataques de parte de la campaña Clinton que sembraron dudas sobre la viabilidad y el caracter del senador. De la noche a la mañana el “Yes We Can” (si podemos) de Obama se terminó transformando en un “Yes We Can... How?” (si podemos... ¿cómo?) que comienza por cuestionarle al senador su capacidad de ganar en estados trascendentales para alcanzar la Casa Blanca como como California, Nueva York, Texas y Ohio.

El problema para Obama radica sobre todo en que todavía no parece haber encontrado la estrategia apropiada para responder a los duros ataques de Clinton. Para un candidato cuyo éxito se ha basado en el aspecto renovador y positivo del hacer política, meterse a jugar sucio sería perder todo lo que representa su campaña. Como lo expresó el columnista del New York Times David Brooks en un reciente artículo, cada día que Obama aparece como un candidato convencional, es un mal día para Obama. Por tal razón, las próximas seis semanas serán cruciales para el senador ya que de alguna forma tendrá que infundirle agresividad a su campaña evitando cuartear los cimientos que están a la base de su nueva forma de hacer política.

Hillary Clinton seguramente continuará desarrollando una guerra a cuchillo contra su contrincante usando cualquier tipo de argumento que le ayude a cuestionar la capacidad que su rival tiene para dirigir las riendas de la nación. En uno de sus últimos pronunciamientos, la senadora dijo que Obama carece de la experiencia necesaria que ella y el candidato republicano John McCain tienen para manejar el país. Un golpe artero que pone a Obama por debajo de McCain en una elección en la cual supuestamente los demócratas tienen el gran objetivo de retomar la Casa Blanca. Al parecer dicha premisa tiene validez para Clinton siempre y cuando sea ella la elegida para representar a su partido en noviembre.

Lo cierto de todo es que desde Iowa, cuando Hillary dijo con un tono cínico “ahora comienza la parte divertida”, su campaña ha hecho uso de toda clase de diatribas para desmoronar el aura que Obama ha construído en torno a su campaña. Por momentos el tono de los ataques se ha mantenido en niveles decentes pero en otras instancias, especialmente cuando la estrategia Clinton ha jugado con el factor racial como recientemente lo hiciera la ex-integrante de campaña Geraldine Ferraro, las maniobras de Clinton nos han hecho recordar que aún en la democracia más dinámica del mundo, la política sigue siendo un negocio sucio.

Una reciente columna de Ryan Lizza en The New Yorker afirma que los ataques de Clinton sólo hacen de Barack Obama un mejor candidato ya que le están enseñando al senador como defenderse. Igualmente, otros analistas ven con buenos ojos la atención que están recibiendo los dos candidatos demócratas. Sin embargo, los términos en que Hillary ha planteado la batalla pueden crear una división gigante al interno del partido que le puede costar la Casa Blanca a los demócratas. A la larga todo dependerá de la forma en que se quiebre el empate entre los dos candidatos y de eso precisamente tratará la segunda parte de este artículo.

jueves, 6 de marzo de 2008

Triple empate

Por el peso político y la diversidad de los estados en juego, la cita electoral en Texas, Ohio, Rhode Island y Vermont había sido tratada como una especie de segundo Super Martes. Después de los estupendos resultados obtenidos por Hillary Clinton y John McCain en dichos estados, esta memorable cita ha sido rebautizada como la noche del regreso. Con sus triunfos en Ohio, Texas y Rhode Island, Hillary Clinton se ha levantado con fuerza (después de once derrotas en línea) dispuesta a pelearle la candidatura demócrata a Barack Obama. Por otra parte, la barrida de John McCain en los cuatro estados que estaban en disputa le permite al senador capturar oficialmente la candidatura de su partido transformando una campaña que no valía nada al inicio de la contienda en uno de los regresos políticos más evocables de los últimos tiempos.

La victoria de Hillary es muy importante ya que le brinda un momentum a su campaña que le puede generar buenos dividendos en los próximos concursos electorales particularmente en el crucial voto de Pennsylvania del próximo 22 de Abril. Contra todo los convencionalismos políticos, la estrategia de Hillary de jugarse el todo por el todo en Texas y Ohio funcionó y dejó callados a todos aquellos que indirectamente le habían sugerido retirarse y apoyar a Obama. Si bien Hillary puede celebrar con orgullo su regreso triunfal en las urnas, el partido demócrata vuelve a enredar el empate entre sus candidatos dejando abierta la posibiliadd de que dicha contienda se extienda en el tiempo llenándose de hostilidades que podrían generar divisiones irreparables al interno del mismo.

A pesar de dicho temor, la participación demócrata en este periodo de primarias continúa reflejando un entusiasmo descomunal que sobrepasa abiertamente el interés republicano en la contienda. Si es que dicha tendencia se mantiene en las elecciones de noviembre, será prácticamente imposible para los republicanos continuar al mando de la Casa Blanca. En Texas, por ejemplo, Obama quedó de segundo con una cosecha de 1.356.330 votos mientras que McCain ganó la primaria republicana con un respaldo de 709.096 votos. En otras palabras, si Obama y McCain hubieran estado peleando el voto en Texas, Obama le habría ganado el voto al candidato republicano. Por esta misma vía, el argumento de Hillary de presentarse como la mejor opción demócrata por su capacidad de ganar estados grandes como Ohio y Texas, fundamentales para ganar la presidencia, pierde validez ya que los números de Obama en dichos estados son mejores que los del ganador republicano en esas contiendas.

Para contrarestar dicha tendencia en las urnas McCain necesita de tres cosas: Primero, el senador necesita unificar a su partido. Segundo, McCain debe comenzar a destacar su programa nacional contrastándolo con las ideas de Clinton y Obama. Tercero, el senador debe continuar atrayendo el interés de votantes independientes y moderados a su campaña. Si todo lo anterior funciona y el partido demócrata se quiebra en dos, las posibilidades de McCain de ganar la presidencia son más que reales. Por esta razón, el triunfo de McCain esta semana fue doble ya que el voto republicano le dió la candidatura y el voto demócrata le generó el escenario ideal para comenzar a consolidar su campaña a nivel nacional.

A pesar de la derrota, Barack Obama continúa liderando el voto popular, ha ganado más estados hasta el momento y sobre todo sigue liderando el conteo de delegados que al final decidirá la candidatura del partido. Si bien la diferencia entre Obama y Clinton es de más o menos 100 delegados y la balanza se podría en teoría mover para cualquier lado, Hillary debe ser consistente en sus victorias de ahora en adelante si es que de verdad quiere transmitir el mensaje de que su liderazgo no se limita exclusivamente a dar golpes fuertes en estados ricos en delegados.

Por el momento, John McCain goza del mejor panorama político y su partido tiene el factor tiempo como su mejor aliado para construir una candidatura fuerte con miras a las elecciones de noviembre. Al partido demócrata lo continúa favoreciendo el entusiasmo de los votantes pero será vital para sus intereses que sus candidatos comiencen a buscar elementos comunes para atacar la candidatura de McCain. Lo único cierto por el momento es que el estado actual de la contienda muestra un triple empate entre tres senadores que deberán continuar trabajando muy fuerte para alcanzar el tan anhelado trofeo de Pennsylvania Avenue.

lunes, 3 de marzo de 2008

Algo refrescante para Hillary

Después del popular video Yes We Can que varios artistas produjeron para la campaña de Barack Obama y que tan buena publicidad le ha generado al senador de Illinois, Jack Nicholson, uno de los más prestigiosos actores de Hollywood, le regala a Hillary Clinton un anuncio político que le cae de perlas a la senadora de Nueva York antes del crucial voto en Texas y Ohio. El mensaje de Nicholson es fantástico y seguramente dejará pensando a más de uno en un país en donde el apoyo de artistas carismáticos tiene un peso particularmente fuerte.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Cada vez más cerca del duelo presidencial

Con las sólidas victorias que Barack Obama y John McCain consiguieron en Wisconsin, el posible duelo presidencial entre los dos senadores cada vez se dibuja más como una posibilidad real. La victoria de Obama en Wisconsin genera la sensación de que la carrera demócrata podría definirse el próximo 4 de marzo en Texas y Ohio ya que una eventual victoria de Obama en dichos estados le daría virtualmente una estocada final a la campaña de Hillary Clinton. Por su parte, lo que resta de primarias para John McCain es simplemente la consolidación del respaldo republicano detrás de su candidatura.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Obama y McCain ganan terreno fundamental

Con sus triunfos en las primarias del Potomac, Barack Obama se ha montado en un tren que está comenzando a ser difícil de frenar. Parte de dicho argumento se basa en la forma en que el senador ha venido quebrando los segmentos poblacionales que Hillary Clinton pensaba tenía a su favor. Ya no son sólo los jóvenes y afro-americanos los que votan por Obama sino que un considerable segmento de población blanca, hispanos y mujeres poco a poco se han movido hacia el lado del senador brindándole un momentum extraordinario a una campaña cuyo mensaje se basa en la inclusividad.

La campaña Clinton ha decidido ignorar los resultados de las primarias del Potomac. En su lugar, ha comenzado a enfocarse en las primarias de Ohio y Texas a celebrarse el cuatro de marzo ignorando lo que viene el 19 de este mes en Hawai y Wisconsin. Un movimiento que puede ser peligroso si se tiene en cuenta que el momentum de un candidato se construye en el presente y no en el futuro tal y como lo vivió en carne propia Rudy Giuliani. Con dicha estrategia, Clinton pone en riesgo todo ya que una derrota en dichos estados podría significar el final de su campaña.

Por los lados republicanos, John McCain recibió un necesitado triunfo que le devuelve la confianza con respecto al respaldo que puede construir de aquí hasta noviembre. A pesar de que sus victorias en Washington D.C., Maryland y Virginia no son por abrumadores márgenes, le brindan la oportunidad de legitimizar su estatus de candidato de partido.

Los últimos resultados electorales tocan directamente los temas de moda en ambos bandos. Para los demócratas, se trata de ver los problemas que puede acarrear para dicho partido el enredado empate entre Clinton y Obama. Para los republicanos, consiste en darle seguimiento a la estrategia que McCain tendrá que poner a funcionar para ganarse el alma de su partido.

Considerando el empate entre Clinton y Obama, una de las crecientes preocupaciones demócratas recae sobre el papel que los superdelegados tendrán en la definición de dicha contienda. Mientras los delegados son elegidos a través de los comicios y primarias estatales, los superdelegados son activistas de partido cuyo voto no está ligado a ningún interés estatal. Si es que el actual empate se mantiene hasta el final, los superdelegados (casi 800 dentro del partido demócrata) pueden fácilmente entrar a definir todo.

El problema de ésto (como lo anotó una reciente columna de Tad Devine en el New York Times) es que si los superdelegados definen el resultado de la contienda, la gente quedará con la sensación de que su voto al final no contó para nada. Lo anterior podría alienar considerablemente segmentos como el femenino y el afro-americano hiriendo al partido gravemente de cara a las elecciones de noviembre. Devine sugiere que los superdelegados no se adhieran a ninguna campaña sino hasta después de que los delegados hayan sido asignados a cada candidato. A eso precisamente es a lo que aspira Obama sobre todo ahora que por primera vez en esta contienda lidera a Clinton en el número de delegados.

Es indudable que la prolongación del empate entre Clinton y Obama ayuda a McCain. Sin embargo, el senador tiene por delante la quijotesca empresa de ganarse la confianza de la base de su partido y en particular de mejorar su reputación frente a hostigadores de extrema derecha opuestos a su campaña como el comentarista radial Rush Limbaugh. La gran incógnita girará en torno a ver si McCain está dispuesto a ceder en sus posiciones o si por el contrario reforzará su popularidad entre independientes y moderados moviendo su partido hacia el centro.

Las primarias del Potomac le han dado una gran ventaja a Obama sobre las tres presas de caza que están en juego: delegados, segmentos poblacionales y momentum. A McCain le brindan mayor autoridad dentro de su partido facilitándole el diálogo con una derecha que todavía lo mira con desconfianza. Veremos que nos depara la próxima cita electoral.

domingo, 10 de febrero de 2008

Obama y Huckabee tuvieron gran noche

En una especia de super sábado electoral, Barack Obama continuó mostrando su buen momento ganando importantes votos en los estados de Washington, Lousiana y Nebraska. Por su parte, John McCain estrenó su inevitable candidatura republicana con un examen mediocre al perder los comicios en Kansas y las primarias en Lousiana frente a Mike Huckabee quien se convirtió en su escolta automático después del anuncio que hiciera Mitt Romney de abandonar la contienda.

La victoria de Obama consolida la contienda demócrata como un empate virtual el cual según muchos analistas entrará a ser definido por los superdelegados del partido. Por su parte, a pesar del momentum ganado por Huckabee en sus últimos triunfos en el Sur del país, la ventaja de McCain lo convierte en un candidato inalcanzable. Sin embargo, la tarea del senador de Arizona de unir su partido se vislumbra cada vez más como una empresa quijotesca llena de molinos de viento conservadores que todavía no le creen a su campaña.

sábado, 9 de febrero de 2008

Abandono de Romney define candidatura de McCain

Mitt Romney sorprendió a todo el mundo con su sorpresivo abandono de la contienda republicana justo dos días después de un Super Martes en el cual había manifestado entusiasmadamente que su campaña seguiría en carrera. A menos de que a Mike Huckabee se le de un milagro, la despedida de Romney ha terminado por definir la candidatura de John McCain como el elegido del partido republicano a la presidencia.

Con dicho triunfo, el senador de Arizona deberá comenzar una nueva batalla dentro su propio partido en el cual tratará de convencer a la base del mismo sobre su capacidad de responder a intereses conservadores. Una empresa que pinta bastante difícil sobre todo teniendo en cuenta la negativa reacción que suscitó su candidatura entre importantes voces de la derecha estadounidense.

jueves, 7 de febrero de 2008

Una querella sin líderes

Con tantos estados en juego, el Super Martes le dió altos y bajos a todos los candidatos. Ciertamente, a John McCain le brindó más alegrías que a los demás. Sin embargo, al final del voto nadie salió con el aura de líder que se necesita para ganar la Casa Blanca.

El Super Martes es como un almuerzo pesado que no es fácil de digerir. Después de conocer los resultados de este pronunciamiento político tan representativo de la democracia estadounidense, la digestión de dicho banquete electoral ha quedado plasmada en los miles de análisis que hoy por hoy llenan los medios de comunicación con explicaciones sobre lo ocurrido en este especial día. Algo que viene a la memoria después de esta jornada electoral es la gran ironía detrás las primarias de Michigan y Florida.

Dichos estados decidieron adelantar sus primarias (violando las reglas de cada partido), en señal de protesta contra un sistema electoral que se niega a despojar a Iowa y New Hampshire del protagonismo que les brinda el hecho de inaugurar el proceso de comicios y primarias a nivel nacional. Lo irónico de dicha protesta (sancionada drásticamente por ambos partidos) es que en un año en el cual la contienda política está tan reñida, el protagonismo seguramente se lo terminarán robando los estados que participarán en la fase final de dicho proceso tal y como lo demuestra la falta de definición reflejada en el Super Martes.

Es indudable que la ventaja de John Mccain sobre sus rivales seguramente seguirá creciendo hasta darle la candidatura republicana al senador de Arizona. Sin embargo, su desempeño en el frenético Super Martes no le alcanza a dar el caracter de líder que su partido necesita para pelear la presidencia con decisión. A pesar del momentun que traía McCain antes del Super Martes, la incapacidad del senador de ganar al menos la mitad de los estados en juego deja la sensación de que todavía la base de su partido no está detrás suyo. Más aún, el sorpresivo desempeño de Mike Huckabee ganando varios estados en el Sur, muestra que McCain tiene problemas para atraer la simpatía de la base conservadora de su partido. Con una ventaja por construir, será interesante ver la forma en que el senador intentará acaparar la atención de la base republicana y sobre todo si está dispuesto a negociar sus posiciones ideológicas en favor del respaldo que necesita.

Por el lado demócrata, el Super Martes definió un empate entre Clinton y Obama que señala una caza abierta por tres presas diferentes: delegados, segmentos poblaciones y momentum. Ahora más que nunca, la lucha se moverá en un complejo ajedrez político en donde mover cada pieza puede representar la diferencia entre ganar o perder un delegado. Por otra parte, los candidatos buscarán alargar un campo de acción poblacional que por el momento le otorga a Clinton el apoyo de ancianos, mujeres, hispanos y segmentos populares, mientras que premia a Obama con el respaldo de jóvenes, afro-americanos y gente educada. Será además muy posible ver a cada candidato exagerando cualquier adhesión, victoria o tendencia que le pueda brindar momentum a su campaña. En el Super Martes, por ejemplo, Hillary calificó de duro revés para Obama su victoria en Massachusetts (restándole importancia a la adhesión de Ted Kennedy en favor del senador de Illinois) mientras que la campaña de Obama resaltó el respaldo recibido por la población masculina blanca sugiriendo un creciente apoyo de parte de uno de los grupos poblacionales que todavía no parece jugar en favor de ningún candidato.

Tradicionalmente, el Super Martes es la consolidación de una candidatura. Este año la historia es diferente. Líneas divisorias afectan a ambos partidos llevando consigo el riesgo implícito de fragmentar el apoyo que los elegidos de cada bando pueden disfrutar en las elecciones presidenciales de noviembre. La delantera de McCain y el empate entre Clinton y Obama, le otorga una ligera ventaja al partido republicano ya que habrá más tiempo de consolidar una candidatura alrededor de McCain que alrededor de Obama o Clinton. Para contrarestar ésto, el partido demócrata deberá mantener un tono cordial en su contienda con el fin de trasmitirle a su electorado un sentido de unión a lo largo de las líneas ideológicas del partido sobre todo cuando éstas se contrastan con los ideales republicanos. De lo contrario, se corre el riesgo de partir en dos la base del partido demócrata poniendo en peligro un regreso a la Casa Blanca que en teoría parece inevitable tal y como lo demuestra la abrumadora participación demócrata en lo que va de estas elecciones.

En todo caso, la inevitabilidad es algo que no pertenece más a esta contienda. Hace un par de meses atrás era inevitable una duelo presidencial entre Clinton y Giuliani, un triunfo de Romney en Iowa y una victoria de Giuliani en Florida. Hace medio año atrás, parecía inevitable la salida de John McCain de la contienda electoral por falta de fondos. De aquí en adelante, lo único cierto es que el concurso electoral de este año seguirá pacientemente buscando estado por estado a los líderes capaces de unir las bases de dos partidos que todavía no logran conciliar las diferencias internas que poseen.

jueves, 31 de enero de 2008

Duelos definidos

Las primarias en Florida terminaron definiendo los duelos que tendrán lugar el próximo Super Martes. Con el retiro de John Edwards de la contienda demócrata, dicho partido será el escenario de una lucha a muerte por delegados entre Barack Obama y Hillary Clinton. Por el otro bando, la despedida de Rudy Giuliani marca la definición del duelo entre John McCain y Mitt Romney en una batalla republicana que sin embargo le da ventajas al senador de Arizona. Con sus triunfos en linea en Carolina del Sur y Florida y la adhesión de Rudy Giuliani a la campaña del senador, el Super Martes seguramente terminará de afianzar el liderazgo de McCain y posiblemente nos dará el primer candidato de partido a la Casa Blanca.

miércoles, 30 de enero de 2008

En Florida, McCain dió un paso fundamental

La victoria de John McCain en la primaria de Florida le brinda un momentum fantástico al senador de Arizona que lo pone en una posición estupenda para consolidarse como el candidato del partido en las próximas elecciones presidenciales de noviembre. McCain se llevó el voto en el estado del sol con un respaldo del 36% de los votantes, Romney quedó de segundo con 31% de los votos y Giuliani tuvo que resignarse con un tercer puesto ganando tan sólo el 15% del voto en el estado.

La victoria de McCain es importantísima porque sucede antes del famoso Super Martes en el cual el partido republicano tendrá la oportunidad de adjudicarse el 41% de los delegados en disputa. Si es que Romney no logra cambiar el tono de la contienda republicana de aquí al martes, le será muy difícil salir bien librado de ese crucial día. Por su parte, con la derrota en Florida, Giuliani ha recibido una estocada tan fuerte que ya se habla del retiro del candidato de la contienda presidencial. De ser así, la historia de Giuliani en estas elecciones será recordada como una de las peores estrategias políticas que se han visto en una campaña presidencial en los Estados Unidos.

martes, 29 de enero de 2008

Una adhesión con sabor a candidatura

El tono que la campaña Clinton le imprimió en Carolina del Sur a la contienda demócrata se convirtió en el último incentivo que Ted Kennedy, hermano del presidente asesinado en 1963 y senador de peso en Capitol Hill, necesitó para adherirse a la campaña de Barack Obama. De hecho, como lo reportó el New York Times, Kennedy y el ex-presidente Clinton al parecer habían tenido una acalorada discusión en la cual el senador criticaba las acusaciones de la campaña Clinton a la integridad de Obama y sobre todo el hecho de haber usado el factor racial como instrumento de campaña política.

El respaldo de Ted Kennedy a la campaña de Obama puede ser la adhesión más importante de toda la contienda política sobre todo porque viene de una figura que porta el estandarte de una familia asociada con un presidente que inspiró a una nación y transformó la política de los Estados Unidos. Según fuentes cercanas a Kennedy, la habilidad que Obama tiene de despertar el interés político de las nuevas generaciones parece haber tenido un peso significante en la decisión del senador. Fue precisamente John F. Kennedy quien en 1960 introdujo su mensaje de cambio hablando de “pasar la antorcha” a una nueva generación. Con la adhesión de Kennedy, Obama ha sido designado como el portador de dicha antorcha.

En una batalla en la que Obama ha sido constantemente atacado por su falta de experiencia, el apoyo de Kennedy (uno de los senadores con más experiencia en el país), contraresta dicha debilidad. Igualmente, le brinda al senador de Illinois un momentum extraordinario de cara al Super Martes del 5 de febrero en el cual los candidatos demócratas se pelearán el 52% de los delegados en juego. El apoyo de Kennedy le brinda igualmente una vía de escape a Obama del laberinto racial en que lo han venido metiendo los Clinton.

Mucho se ha escrito sobre las diferencias de Obama y Clinton. Una y otra vez, diversas fuentes llegan a la conclusión de que los dos senadores comparten prácticamente las mismas posiciones, los mismos planes y han desarrollado la misma agenda política en el Senado. Sin embargo, la gran diferencia radica (como lo esbozó una reciente columna de George Packer en The New Yorker) en la forma en que ambos candidatos ven la presidencia de la nación. Mientras Hillary es una manager, Obama es un visionario. El apoyo de Kennedy simplemente refuerza el aurea de visionario que Obama tiene revitalizando todos los elementos de unión, optimismo y cambio que el senador de Illinois ha introducido en la carrera presidencial.

La maquinaria Clinton ha venido jugando una estrategia agresiva en contra de Obama. En Carolina del Sur el ex-presidente Clinton tiró al ruedo el factor racial equiparando la victoria de Obama con los triunfos obtenidos en el pasado en dicho estado por Jessie Jackson, un candidato que armó su política en torno al voto afro-americano. La estrategia busca definir a Obama como un candidato de voto afro-americano con el fin de atraer el voto de la mayoría blanca y el segmento hispano a la campaña de Hillary.

Si es que dicha estrategia funciona, los dividendos para la senadora serán jugosos en el Super Martes ya que el voto afro-americano será claramente una minoría ese día. En todo caso, lo único cierto es que dicha estrategia ha comenzado a pagar mal con el respaldo que el senador Kennedy le ha dado a la campaña de Obama. Por ahora, el momentum favorece al senador de Illinois gracias al apoyo de una de las más prestigiosas marcas política que existen en los Estados Unidos. Hace cuatro años dicha marca llevó a John Kerry a ganar la candidatura de su partido, veremos si este año logra subir al trono a Obama.

lunes, 28 de enero de 2008

¿Quién ganó en Carolina del Sur?

Luchar contra la campaña Clinton es luchar contra la maquinaria política más poderosa del país. El triunfo de Obama en Carolina del Sur puede ser tan sólo lo que dicha maquinaria estaba buscando.

Barack Obama sumó su segunda victoria en lo que va de las elecciones con un contundente respaldo del 55% de los votos demócratas en Carolina del Sur. Al final de la noche, dicho apoyo hizo posible que el senador de Illinois le sacara casi 30 puntos de diferencia a Hillary Clinton (27%) y casi 40 a John Edwards (18%) quien quedó relegado a una tercera posición que prácticamente lo anula de la contienda demócrata.

Bajo otras circunstancias, la victoria de Obama en Carolina del Sur sería devastante para cualquier rival. Sin embargo, la poderosa maquinaria Clinton ha venido jugando una estrategia política tan aguda que prácticamente deja en el limbo el triunfo de Obama en dicho estado. Esta estrategia se basa en dos pilares: El primero de ellos consiste en protegerse de posibles derrotas. El segundo, le establece una identidad al rival definiéndole su electorado.

Después del duro revés en Iowa, la campaña Clinton se ha enfocado en una maniobra de “bajar expectativas” elaborando excusas en cada estado que ha participado con el objeto de poder enfrentar posibles derrotas. Con esta lógica, se le resta valor a un resultado adverso y sobre todo se le quita peso a una victoria de Obama. En New Hampshire, la excusa se tradujo en las lágrimas que derramó la senadora antes de la primaria. En Nevada, se basó en las denuncias que la campaña Clinton hizo con respecto a la organización de los comicios porque supuestamente favorecían las aspiraciones de Obama. En Carolina del Sur la excusa quedó expuesta en la total ausencia de Hillary en el estado. En su lugar, la senadora envió a su esposo a trabajar en el segundo pilar de la estrategia.

El resultado del voto en Carolina del Sur estuvo en gran parte condicionado por las hostilidades que se presentaron entre Obama y Clinton (Bill) antes de la primaria. En una semana en la cual la campaña Clinton volvió a meter en juego el factor racial, el 81% del voto afro-americano en Carolina del Sur (que representaba la mitad del voto total en dicho estado) terminó favoreciendo los intereses de Obama reflejando un rechazo en contra de los pronunciamientos de la campaña Clinton.

Muchos demócratas han criticado fuertemente a Bill Clinton por haber estigmatizado el debate demócrata en torno al factor racial. Sin embargo, al haber actuado de dicha forma, el ex-presidente ha ayudado a definir a Obama como un candidato cuyo apoyo proviene primordialemente de la minoría afro-americana. La victoria en Carolina del Sur sólo reafirma dicha identidad y por consiguiente ayudaría a definir los segmentos poblacionales que cada candidato podría llevarse el próximo 5 de febrero durante el famoso Super Martes en el cual estados tan poderosos como California, Nueva York e Illinois expresarán sus preferencias políticas.

Si es que dicha estrategia funciona tal y como la habían planeado los Clinton, las consecuencias de Carolina del Sur podrían ser serias para Obama ya que la mayoría blanca y el segmento Hispano (tan importante en California) seguramente terminarían por darle su respaldo a la campaña de Hillary. Si algo así sucede, el Super Martes jugaría sólidamente a favor de la senadora y su campaña podría ponerse al borde de la candidatura si es que Edwards (que también atrae votos blancos) no sobrevive al Super Martes.

Obama sabe muy bien que no puede jugar la carta racial bajo ninguna circunstancia si es que quiere tener vivas sus aspiraciones. Sin embargo, la campaña Clinton cada vez lo arrincona más al borde de dicha trampa. En todo caso, existe también la posibilidad de que lo ocurrido en Carolina del Sur sea el abrebocas de lo que viene adelante. De ser así, Obama habrá simplemente ganado un momentum importantísimo que le permitirá continuar sumando delegados y llevar la contienda demócrata hasta las instancias finales. Hillary vs. Barack es una guerra a muerte que no da tregua.

viernes, 25 de enero de 2008

El New York Times pronunció su voto

Las campañas de Hillary Clinton y John McCain recibieron el beneplácito del New York Times como las mejores opciones que cada partido tiene para pelear la presidencia de la nación. El editorial del Times es sobre todo una adhesión directa a la candidatura de Hillary Clinton quien fue la preferida demócrata gracias a su experiencia y sobre todo a que ofrece soluciones concretas a los problemas que enfrenta Estados Unidos hoy en día.

Por su parte, John McCain fue seleccionado como la mejor opción republicana básicamente porque se trata del menos malo entre los candidatos de dicho partido. En todo caso, el Times destacó los pronunciamientos del senador en contra la tortura, su trabajo bipartidista en el senado y los riesgos que ha tomado cuando ha ido en contra de la base de su partido como en el tema de inmigración.

miércoles, 23 de enero de 2008

Un adiós sin pena ni gloria

El tercer puesto del candidato republicano Fred Thompson en Carolina del Sur y su pobre desempeño en las primarias y comicios precedentes forzaron el retiro del candidato de la contienda electoral. Fred se va sin pena ni gloria como un candidato que no aportó nada interesante al debate de su partido. Un debate en el que trató de sobresalir en medio de sus contrincantes como un candidato auténticamente conservador fiel a los valores republicanos.

Sin embargo, el entusiasmo inicial que generó su candidatura al comienzo de la misma se fue desvaneciendo en una figura bonachona incapaz de inspirar y mover la base de su partido. En la guerra por los valores del partido, Thompson sucumbió ante Huckabee y McCain. Ahora se especula sobre quién podrá ser el directo beneficiado del retiro de Thompson. Podría ser Huckabee ya que este candidato se acerca más a los valores de Thompson. En todo caso, la salida de Thompson podría ser muy factiblemente tan irrelevante como lo fue toda su pobre campaña.

domingo, 20 de enero de 2008

McCain y Clinton ganan terreno

Al final del sábado electoral, las caras de alegría fueron las mismas de New Hampshire. Hillary Clinton y John McCain salen fortalecidos de sus respectivos triunfos en Nevada y Carolina del Sur.

A pesar de las expectativas que tenía Obama en Nevada después de haber logrado el apoyo de la unión de trabajadores más grande del estado y de que una corte local había decidido continuar con un formato electoral que en teoría favorecía los intereses del senador de Illinois, Hillary Clinton se llevó la victoria en Nevada con una diferencia de 6 puntos (Clinton 51%, Obama 45%). Por su parte, los comicios republicanos en dicho estado le dieron una amplia victoria a Mitt Romney (51%) quien fue el único candidato con opción de ganar la Casa Blanca que invirtió tiempo en Nevada.

Al otro lado del país, los republicanos celebraron una primaria crucial para los contendientes en dicha campaña que terminó favorenciendo por un margen cerrado al senador John McCain (33%) sobre su más cercano rival Mike Huckabee (30%). Un triunfo estupendo para el senador en la primera primaria del Sur conocida por su peso histórico en señalar al nominado del partido republicano en las últimas décadas.

viernes, 18 de enero de 2008

Comicios sin trampas en Nevada

Los comicios demócratas en Nevada muestran una situación similar a la que se presentaba en Iowa antes del voto en dicho estado. Clinton, Obama y Edwards están en una lucha cerrada que, sin embargo, ha mostrado en la última semana un empate más directo entre la ex-primera dama de la nación y el senador de Illinois. En un estado en el cual el peso de las uniones de trabajadores tiene un valor fundamental, Obama se ha ganado el respaldo de la unión de trabajadores más grande del estado, la unión culinaria, que cuenta con 60.000 miembros, muchos de los cuales son hispanos que trabajan en la famosa franja de casinos de Las Vegas.

Hace un par de días atrás, la Asociación de Eduación Estatal de Nevada (NSEA, por sus siglas en inglés), había metido una demanda a la organización de los comicios alegando que en una contienda en donde los delegados de cada comicio salen de forma proporcional al número de participantes del mismo, era injusto que se celebraran comicios en los casinos de Las Vegas ya que estos sitios pueden recibir un número muchísimo más grande de participantes (y por lo tanto pueden elegir muchos más delegados) que el resto de los comicios celebrados en otras partes del estado. Una demanda con cierta lógica.

Sin embargo, el problema de la demanda es que fue promovida por una organización que apoya la candidatura de Clinton y la gente que en teoría puede votar en los comicios organizados en los casinos son precisamente los hispanos que trabajan en dichos sitios y que hacen parte de la union culinaria que recientemente se adhirió a la candidatuira de Obama. En otras palabras, a pesar de que la campaña Clinton dijo que no tenía que ver nada con la iniciativa de la NSEA, Obama y sus asesores no tuvieron pelos en la lengua para insinuar que se trataba de una jugada sucia. La buena noticia para Obama es que la demanda acaba de ser tumbada por un juez del estado y el senador de Illinois podrá contar con el mejor de los escenarios para este sábado. Vamos a ver si dicha decision judicial se transforma en un triunfo para Obama.

jueves, 17 de enero de 2008

¿Mitad del vaso lleno o mitad vacío?

Aquel famoso dicho que dice que si un pesimista mira un vaso de agua hasta la mitad dice que está vacío y un optimista dice que esta lleno, se podría aplicar a lo que sucedió en la primaria demócrata en Michigan. Hillary Clinton fue la única candidata demócrata con posibilidades de ganar la presidencia que participó en dicha primaria. Su más cercano rival en la carta electoral fue la opción “no comprometido” (uncommitted). Al final de la noche, Clinton “ganó” con un 55% y “no comprometido” obtuvo un 40%. El resultado depende con que ojo se mire. Mitad del vaso lleno dice que Hillary obtuvo una victoria sólida. Mitad del vaso vacío dice que un considerable 40% de los votantes, que al final no estaban votando por nada, se tomaron la molestia de ir a las urnas y votar en contra de la senadora. ¿Quién ganó al final?

miércoles, 16 de enero de 2008

En Michigan la victoria tuvo otra cara

El triunfo de Romney en Michigan sólo deja ver que el partido republicano todavía no ha decidido quien será su lider. Por los lados demócratas, Clinton ganó sin ganar nada.

Hasta el momento, diferentes brazos ideológicos del partido republicano le han dado diferentes victorias a tres candidatos. Mientras los conservadores sociales le dieron la victoria a Huckabee en Iowa y los conservadores moderados a John McCain en New Hampshire, un electorado más concentrado en el conservadurismo económico le dió la victoria a Romney en Michigan. En otras palabras, Huckabee ganó en Iowa gracias al voto de los evangélicos, McCain en New Hampshire gracias al voto de la parte moderada del partido y Romney capturó la atención de un electorado preocupado por la situación económica en uno de los estados con mayor desempleo en el país.

Con la sólida victoria de Romney en Michigan (39%) sobre McCain (30%) y Huckabee (16%), la cosas quedaron para el partido republicano más abiertas que nunca. Para Romney era fundamental ganar y por tal motivo su victoria lo vuelve a meter en juego. De hecho, Romney se convierte en el candidato con más aceptación dentro de su partido gracias a los dos segundos puestos en Iowa y New Hampshire y las victorias en Wyoming y Michigan. Igualmente, mientras la economía siga creciendo como el tema más importante para los votantes, las expectativas de un candidato como Romney que se enfoca primordialmente en el tema económico continuarán en alza.

Para los demócratas, la noche en Michigan tuvo un sabor extraño. Por haber adelantado sus primarias sin la aprobación del Comité Nacional Demócrata (DNC por sus siglas en inglés), dicho estado había sido sancionado por el ente rector del partido con el despojo de sus 156 delegados a la convención nacional demócrata. En otras palabras, una victoria en Michigan no representaba ningún dividendo para ningún candidato. Por la misma razón, Obama y Edwards, habían retirado su nombre de la tarjeta electoral en dicho estado y la opción de “no comprometido” (uncommitted) había quedado como el rival más serio de Clinton quien había decidio dejar su nombre en juego.

Clinton “ganó” en Michigan con un respaldo del 55% de los votantes mientras que la opción “no comprometido” obtuvo un 40% de los votos. Es difícil darle una interpretación a algo que en términos prácticos no significa nada. Hacia el futuro lo más crucial será ver que manejo le da el DNC a los delegados de Michigan ya que si la gente en dicho estado siente que su voz no tiene cabida dentro del partido demócrata, el estado podría en últimas premiar al candidato republicano en las elecciones presidenciales. Lo mismo podría suceder con Florida que ha recibido la misma sanción por haber adelantado su primaria para el 29 de este mes violando las reglas del DNC.

La próxima cita electoral para los republicanos serán en Carolina del Sur el próximo 19 de este mes (los demócratas celebrarán su primaria en dicho estado el 26). Ese mismo día también se celebrarán los comicios de Nevada para ambos partidos. Sin embargo, todas las miradas están puestas sobre Carolina del Sur ya que este estado podría comenzar a mover la balanza de cada partido en una dirección más clara dándole un momentum importante a los vencedores de dicho voto. Huckabee y McCain esperan que la amplia base conservadora en dicho estado les ayude a ganar. Romney sueña que su triunfo en Michigan le de un empujón adicional a su campaña y Giuliani continuará esperando que su partido llegue fragmentado a Florida en donde espera comenzar a ganar el voto de la gente. En las huestes demócratas, Obama y Clinton tendrán que definir primero el virtual empate que tienen en Nevada y luego ver quien gana en Carolina del Sur. Edwards sigue confiado en que puede hacer algo importante en la carrera presidencial una vez las elecciones se muevan al Sur del país de donde es oriundo el candidato. Sin duda alguna, las elecciones se ponen cada vez más interesantes.

miércoles, 9 de enero de 2008

En New Hampshire ganó la experiencia

Si Iowa votó por el cambio, New Hampshire votó por la experiencia. De la novedad de Obama y Huckabee se pasó a un establecimiento más reconocido en las caras de Clinton y McCain.

Tal como y como se había previsto, la batalla en New Hampshire fue cerrada. La diferencia entre el ganador de la primaria y su más inmediato rival fue del 3% entre los demócratas y del 5% entre los republicanos. Igualmente, la lógica de las encuestas en ese estado premió a John McCain (37%) con el primer puesto de la contienda republicana mientras que Romney (32%) tuvo que contentarse de nuevo con el segundo lugar tal y como lo había hecho en Iowa. Sin embargo, contra todas las predicciones de las encuestas, Hillary Clinton le robó la primaria a Barack Obama venciéndolo por una diferencia de 3 puntos en ese estado (39% contra 36%).

La victoria de Clinton es el producto de varias razones. Primero, la gente joven no votó por Obama como se esperaba. Segundo, la gente de bajos ingresos se fue primordialmente con Clinton. Tercero, una considerable porción de los demócratas en New Hampshire tienen memorias muy favorables del gobierno de Bill Clinton y les gustaría repetir la experiencia. Cuarto, McCain le robó muchos votos independientes a Obama. Sin embargo, uno de los factores más decisivos en favor de Clinton fue el voto femenino que la senadora obtuvo con un 13% de diferencia sobre Obama. Mientras los demócratas de Iowa soñaron con la idea del primer presidente afro-americano, sus similiares de New Hampshire soñaron con la idea de llevar a una mujer a la Casa Blanca.

Para Clinton, la victoria en New Hampshire le da nueva energía a su campaña. Para Obama es sólo un pequeño revés. Para Edwards, es una segunda derrota que lo relega cada vez más al olvido sin necesariamente haberlo aniquilado. En otras palabras, la pelea sigue abierta en el partido demócrata. Lo mismo sucede en las huestes republicanas. El triunfo de McCain es significante y lo deja en buena posición de cara a las primarias que vienen. Romney todavía puede jugarse una última cara en Michigan pero sus posibilidades se han reducido sustancialmente después de las derrotas en Iowa y New Hampshire. Huckabee sigue andando bien sobre todo si se considera el decente tercer puesto que logró en New Hampshire gracias al empujón que le dio su triunfo en Iowa.

Todo lo anterior sigue jugando a favor de Giuliani quien espera que ningún de sus competidores alcance un liderazgo importante antes de que estados más grandes como Florida, Nueva York y California pronuncien su voto. Sin embargo, el triunfo de McCain en New Hampshire tiene una razón de peso para preocupar a Giuliani. La victoria de McCain en dicho estado se debió primordialemente a que la gente ve en el senador de Arizona la persona más indicada para liderar las fuerzas armadas de su país en la guerra contra el terrorismo. Si dicha percepción se mueve a las próximas primarias, McCain podría despojar a Giuliani del caballo de batalla de su campaña amenazándole sus aspiraciones presidenciales.

La próxima cita electoral será en Michigan el 15 de este mes. Allí se podrá ver si esta lucha cerrada entre el cambio y la experiencia se ha comenzado a mover en una dirección más definida y si algún candidato es capaz de comenzar a sacar ventaja. Por el momento nadie lidera nada. La única ventaja clara que ha salido a flote juega en favor de los intereses demócratas ya que la participación de los votantes de dicho partido en los comicios de Iowa y la primaria de New Hampshire ha sido tremendamente superior a la republicana. Lo anterior es un pésimo indicio para los republicanos con miras a las elecciones presidenciales en noviembre ya que si la participación continúa como va será muy difícil que la presidencia siga en manos republicanas. Veremos que pasa.

domingo, 6 de enero de 2008

En New Hampshire toca romper los empates

Lo que se viene este martes 8 de Enero en New Hampshire es candela. Prácticamente tanto el partido demócrata como el republicano tendrán que decidir el ganador de sus primarias acabando con los empates que se presentan en la punta de cada lado. Por el lado demócrata, Clinton y Obama están literalmente empatados; por el lado republicano, McCain y Romney se verán las caras en un duelo igualmente cerrado. Para todos los involucrados, ganar en New Hampshire es fundamental. Amanecerá y veremos que pasa.

viernes, 4 de enero de 2008

En Iowa la Gente Votó por el Cambio

La victoria demócrata de Barack Obama y la republicana de Mike Huckabee en los comicios de Iowa reflejan el deseo que los votantes tienen de cambiar las cosas en su país.

En una noche de invierno memorable, por primera vez en la historia de la política estadounidense un afro-americano gana los comicios de Iowa. Barack Obama obtuvo el respaldo del 38% de los votantes demócratas en dicho estado seguido por John Edwards (30%) y Hillary Clinton (29%). Para Obama y Edwards los resultados son estupendos, para Clinton son peores que cualquiera de las previsiones más pesimistas que su campaña tenía antes de dicho voto.

Sin embargo, esta noche de invierno no fue un asunto memorable sólo para los demócratas. La sólida victoria de Mike Huckabee con el 34% de los votos republicanos fue más que un simple revés para Mitt Romney quien quemó mucha energía en Iowa y se tuvo que contentar con el segundo puesto que le dio el 25% de los votantes. Thompson y McCain compartieron el tercer lugar de los comicios republicanos con un 13%. Rudy Giuliani, candidato que lidera las encuestas nacionales de su partido, obtuvo sólo un 3% de los votos en dicho estado.

Los comicios en Iowa dejaron ver que la gente está cansada de dos cosas: la politiquería en Washington y la polarización del país. Por dicha razón, los discursos triunfales de Obama y Huckabee hicieron referencia a la necesidad de producir un cambio honesto a nivel político basado en un bipartidismo constructivo. Por la misma dirección, un entusiasta John Edwards habló de la derrota del status quo en Iowa mientras que Mitt Romney se refería a una guerra abierta de los votantes contra el establecimiento en Washington.

En Iowa, pudo más la frescura y honestidad de Obama (y del mismo Edwards) que la experiencia de Clinton. Pudo también más el enfoque amable y personal de Huckabee que todo el dinero que invirtió Mitt Romney en dicho estado. En Iowa, los candidatos que lideran las encuestas nacionales (Clinton y Giuliani) tuvieron una noche para olvidar. Por tal motivo, los resultados de los comicios son alentadores para todos aquellos que quieren cambiar radicalmente la política estadounidense.

El gran enigma será ver que sucede después de Iowa y si el voto de los comicios tendrá algún efecto en las primarias que se avecinan. Por los lados demócratas, será fundamental que Clinton asegure una victoria en New Hampshire el próximo 8 de enero. De no ser así, su campaña puede venirse abajo como un castillo de naipes ya que otra derrota generaría serias dudas sobre la capacidad que tiene la senadora de acaparar votos moderados e independientes necesarios para ganar la presidencia. En estos términos, el gran efecto que puede producir Iowa es el de cerrar la diferencia de 5 puntos que Clinton tiene sobre Obama en New Hampshire moviendo el resultado de dicha primaria en favor del senador de Illinois.

Por los lados republicanos será fundamental para Romney o McCain ganar en New Hampshire si es que quieren seguir con vida. Una victoria de McCain podría darle nuevos aires a la campaña de este político republicano tan elogiado por la prensa que deja Iowa con un sabor de victoria no tanto por su tercer puesto sino por el segundo de Romney quien es su competidor directo en New Hampshire. Por su parte, Giuliani deberá seguir aferrado a que Huckabee no siga creciendo y a que Iowa y New Hampshire no afecten su liderazgo en estados más grandes.

Sólo el futuro podrá medir el valor que los resultados de Iowa van a tener en las próximas elecciones. Por el momento creo que merece un aplauso grande el proceso electoral en este estado. No sólo ganó el cambio sino que ganaron por encima de todo las ideas. Ideas que se anteponen a cualquier tipo de prejuicio y que se reflejan en la transparencia de un comicio que le da una victoria de 10 puntos a un afro-americano en un estado en el cual sólo el 2% de la población pertenecen a dicha minoría étnica. Un logro auténticamente democrático que nos hace soñar con la posibilidad de que Estados Unidos está abierto al cambio que tanto necesita para el bien suyo y del mundo entero.