domingo, 8 de junio de 2008

Un adiós memorable

Fue emocionante el discurso con el cual Hillary Clinton cerró su histórica campaña presidencial. Un mensaje positivo y sincero con el cual respaldó a Barack Obama e invitó a la unidad del partido. Al mejor estilo de Obama, la senadora finalmente nos regaló algo de lo que siempre soñamos ver todos los que de una u otra forma nos habíamos entusiasmado con su sueño de alcanzar la Casa Blanca.

Las palabras con las que Hillary Clinton abandonó la contienda electoral giraron alrededor de tres temas fundamentales: gratitud, progreso y unión. En su mensaje de despedida, la senadora agradeció el apoyo que recibió de casi 18 millones de votantes en la fase de primarias, destacó el progreso que su país ha alcanzado en materia de igualdad social haciendo referencia al increíble entusiasmo que recibió su campaña y la de Obama y terminó exhortando a sus seguidores a unirse detrás de la candidatura del senador de Illinois y de los valores que guían al partido demócrata.

En términos generales, el discurso de Clinton fue un dignísimo cierre de campaña que deja una reflexión positiva sobre el avance del individuo en la sociedad estadounidense, particularmente de las mujeres y las minorías étnicas. La alocución estuvo llena de puntos altos y en uno de ellos la senadora nos dijo que “de ahora en adelante no será extraordinario para una mujer ganar primarias, no será extraordinario tener a una mujer haciendo parte de una contienda de candidatura cerrada y no será extraordinario pensar que una mujer pueda convertirse en el presidente de los Estados Unidos. Y ésto (añadió la senadora) es verdaderamente extraordinario”. Un mensaje que brilla por su profundidad y sobre todo por la sinceridad y elocuencia con la cual lo transmitió la senadora, algo con lo que paradójicamente tuvo problemas durante toda la contienda.

En términos más concretos, las palabras de Clinton legitimizan la victoria de Obama y sientan un pilar de unión que seguramente será muy importante para el senador en su enorme tarea de limar las asperezas que han quedado después de la fase de primarias. El mensaje de apoyo a Obama fue sentido e inclusive la senadora hizo uso del slogan Yes, We Can (Si, Podemos) del senador para expresar su apoyo incondicional a la candidatura del mismo. En todo caso, no dejó de ser evidente que mucha de la gente presente en el National Building Museum, lugar en donde Clinton cerró su campaña, no se dejó contagiar por un grandísimo entusiasmo cada vez que la senadora hacía un apelo a sus seguidores para que apoyaran la candidatura de Obama.

Precisamente de este tipo de reacción nace la pregunta fundamental sobre el legado de las primarias que Clinton acaba de cerrar: ¿Podrá el partido demócrata recuperar la unión que ha perdido en esta contienda?. Esa es la pregunta del millón y mucho dependerá de la forma en que Obama se acerque a la clase trabajadora blanca y sobre todo de la forma en que sepa ganarle el debate de ideas a McCain. Por el momento Clinton comenzó a rescatar con su discurso de despedida la unión de un partido que se dejó polarizar por una guerra en la que no debió haber nunca entrado.

Al final del discurso de Clinton, queda un poco la nostalgia de saber que el sueño de ver a una mujer dirigiendo las riendas de los Estados Unidos tendrá que esperar. Sin embargo, la responsabilidad de dicha insatisfacción recae en el actuar de la senadora y de una campaña que afrontó la contienda con la soberbia propia de aquellos que dan todo por descontado. El memorable discurso de despedida de la senadora mostró lo mejor de Hillary Clinton y con él finalmente la senadora nos dio algo de lo que nos quedó debiendo.

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