Con las sólidas victorias que Barack Obama y John McCain consiguieron en Wisconsin, el posible duelo presidencial entre los dos senadores cada vez se dibuja más como una posibilidad real. La victoria de Obama en Wisconsin genera la sensación de que la carrera demócrata podría definirse el próximo 4 de marzo en Texas y Ohio ya que una eventual victoria de Obama en dichos estados le daría virtualmente una estocada final a la campaña de Hillary Clinton. Por su parte, lo que resta de primarias para John McCain es simplemente la consolidación del respaldo republicano detrás de su candidatura.
miércoles, 20 de febrero de 2008
Cada vez más cerca del duelo presidencial
Con las sólidas victorias que Barack Obama y John McCain consiguieron en Wisconsin, el posible duelo presidencial entre los dos senadores cada vez se dibuja más como una posibilidad real. La victoria de Obama en Wisconsin genera la sensación de que la carrera demócrata podría definirse el próximo 4 de marzo en Texas y Ohio ya que una eventual victoria de Obama en dichos estados le daría virtualmente una estocada final a la campaña de Hillary Clinton. Por su parte, lo que resta de primarias para John McCain es simplemente la consolidación del respaldo republicano detrás de su candidatura.
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miércoles, 13 de febrero de 2008
Obama y McCain ganan terreno fundamental
Con sus triunfos en las primarias del Potomac, Barack Obama se ha montado en un tren que está comenzando a ser difícil de frenar. Parte de dicho argumento se basa en la forma en que el senador ha venido quebrando los segmentos poblacionales que Hillary Clinton pensaba tenía a su favor. Ya no son sólo los jóvenes y afro-americanos los que votan por Obama sino que un considerable segmento de población blanca, hispanos y mujeres poco a poco se han movido hacia el lado del senador brindándole un momentum extraordinario a una campaña cuyo mensaje se basa en la inclusividad.La campaña Clinton ha decidido ignorar los resultados de las primarias del Potomac. En su lugar, ha comenzado a enfocarse en las primarias de Ohio y Texas a celebrarse el cuatro de marzo ignorando lo que viene el 19 de este mes en Hawai y Wisconsin. Un movimiento que puede ser peligroso si se tiene en cuenta que el momentum de un candidato se construye en el presente y no en el futuro tal y como lo vivió en carne propia Rudy Giuliani. Con dicha estrategia, Clinton pone en riesgo todo ya que una derrota en dichos estados podría significar el final de su campaña.
Por los lados republicanos, John McCain recibió un necesitado triunfo que le devuelve la confianza con respecto al respaldo que puede construir de aquí hasta noviembre. A pesar de que sus victorias en Washington D.C., Maryland y Virginia no son por abrumadores márgenes, le brindan la oportunidad de legitimizar su estatus de candidato de partido.
Los últimos resultados electorales tocan directamente los temas de moda en ambos bandos. Para los demócratas, se trata de ver los problemas que puede acarrear para dicho partido el enredado empate entre Clinton y Obama. Para los republicanos, consiste en darle seguimiento a la estrategia que McCain tendrá que poner a funcionar para ganarse el alma de su partido.
Considerando el empate entre Clinton y Obama, una de las crecientes preocupaciones demócratas recae sobre el papel que los superdelegados tendrán en la definición de dicha contienda. Mientras los delegados son elegidos a través de los comicios y primarias estatales, los superdelegados son activistas de partido cuyo voto no está ligado a ningún interés estatal. Si es que el actual empate se mantiene hasta el final, los superdelegados (casi 800 dentro del partido demócrata) pueden fácilmente entrar a definir todo.
El problema de ésto (como lo anotó una reciente columna de Tad Devine en el New York Times) es que si los superdelegados definen el resultado de la contienda, la gente quedará con la sensación de que su voto al final no contó para nada. Lo anterior podría alienar considerablemente segmentos como el femenino y el afro-americano hiriendo al partido gravemente de cara a las elecciones de noviembre. Devine sugiere que los superdelegados no se adhieran a ninguna campaña sino hasta después de que los delegados hayan sido asignados a cada candidato. A eso precisamente es a lo que aspira Obama sobre todo ahora que por primera vez en esta contienda lidera a Clinton en el número de delegados.
Es indudable que la prolongación del empate entre Clinton y Obama ayuda a McCain. Sin embargo, el senador tiene por delante la quijotesca empresa de ganarse la confianza de la base de su partido y en particular de mejorar su reputación frente a hostigadores de extrema derecha opuestos a su campaña como el comentarista radial Rush Limbaugh. La gran incógnita girará en torno a ver si McCain está dispuesto a ceder en sus posiciones o si por el contrario reforzará su popularidad entre independientes y moderados moviendo su partido hacia el centro.
Las primarias del Potomac le han dado una gran ventaja a Obama sobre las tres presas de caza que están en juego: delegados, segmentos poblacionales y momentum. A McCain le brindan mayor autoridad dentro de su partido facilitándole el diálogo con una derecha que todavía lo mira con desconfianza. Veremos que nos depara la próxima cita electoral.
domingo, 10 de febrero de 2008
Obama y Huckabee tuvieron gran noche
En una especia de super sábado electoral, Barack Obama continuó mostrando su buen momento ganando importantes votos en los estados de Washington, Lousiana y Nebraska. Por su parte, John McCain estrenó su inevitable candidatura republicana con un examen mediocre al perder los comicios en Kansas y las primarias en Lousiana frente a Mike Huckabee quien se convirtió en su escolta automático después del anuncio que hiciera Mitt Romney de abandonar la contienda.La victoria de Obama consolida la contienda demócrata como un empate virtual el cual según muchos analistas entrará a ser definido por los superdelegados del partido. Por su parte, a pesar del momentum ganado por Huckabee en sus últimos triunfos en el Sur del país, la ventaja de McCain lo convierte en un candidato inalcanzable. Sin embargo, la tarea del senador de Arizona de unir su partido se vislumbra cada vez más como una empresa quijotesca llena de molinos de viento conservadores que todavía no le creen a su campaña.
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sábado, 9 de febrero de 2008
Abandono de Romney define candidatura de McCain
Mitt Romney sorprendió a todo el mundo con su sorpresivo abandono de la contienda republicana justo dos días después de un Super Martes en el cual había manifestado entusiasmadamente que su campaña seguiría en carrera. A menos de que a Mike Huckabee se le de un milagro, la despedida de Romney ha terminado por definir la candidatura de John McCain como el elegido del partido republicano a la presidencia.Con dicho triunfo, el senador de Arizona deberá comenzar una nueva batalla dentro su propio partido en el cual tratará de convencer a la base del mismo sobre su capacidad de responder a intereses conservadores. Una empresa que pinta bastante difícil sobre todo teniendo en cuenta la negativa reacción que suscitó su candidatura entre importantes voces de la derecha estadounidense.
jueves, 7 de febrero de 2008
Una querella sin líderes
Con tantos estados en juego, el Super Martes le dió altos y bajos a todos los candidatos. Ciertamente, a John McCain le brindó más alegrías que a los demás. Sin embargo, al final del voto nadie salió con el aura de líder que se necesita para ganar la Casa Blanca.El Super Martes es como un almuerzo pesado que no es fácil de digerir. Después de conocer los resultados de este pronunciamiento político tan representativo de la democracia estadounidense, la digestión de dicho banquete electoral ha quedado plasmada en los miles de análisis que hoy por hoy llenan los medios de comunicación con explicaciones sobre lo ocurrido en este especial día. Algo que viene a la memoria después de esta jornada electoral es la gran ironía detrás las primarias de Michigan y Florida.
Dichos estados decidieron adelantar sus primarias (violando las reglas de cada partido), en señal de protesta contra un sistema electoral que se niega a despojar a Iowa y New Hampshire del protagonismo que les brinda el hecho de inaugurar el proceso de comicios y primarias a nivel nacional. Lo irónico de dicha protesta (sancionada drásticamente por ambos partidos) es que en un año en el cual la contienda política está tan reñida, el protagonismo seguramente se lo terminarán robando los estados que participarán en la fase final de dicho proceso tal y como lo demuestra la falta de definición reflejada en el Super Martes.
Es indudable que la ventaja de John Mccain sobre sus rivales seguramente seguirá creciendo hasta darle la candidatura republicana al senador de Arizona. Sin embargo, su desempeño en el frenético Super Martes no le alcanza a dar el caracter de líder que su partido necesita para pelear la presidencia con decisión. A pesar del momentun que traía McCain antes del Super Martes, la incapacidad del senador de ganar al menos la mitad de los estados en juego deja la sensación de que todavía la base de su partido no está detrás suyo. Más aún, el sorpresivo desempeño de Mike Huckabee ganando varios estados en el Sur, muestra que McCain tiene problemas para atraer la simpatía de la base conservadora de su partido. Con una ventaja por construir, será interesante ver la forma en que el senador intentará acaparar la atención de la base republicana y sobre todo si está dispuesto a negociar sus posiciones ideológicas en favor del respaldo que necesita.
Por el lado demócrata, el Super Martes definió un empate entre Clinton y Obama que señala una caza abierta por tres presas diferentes: delegados, segmentos poblaciones y momentum. Ahora más que nunca, la lucha se moverá en un complejo ajedrez político en donde mover cada pieza puede representar la diferencia entre ganar o perder un delegado. Por otra parte, los candidatos buscarán alargar un campo de acción poblacional que por el momento le otorga a Clinton el apoyo de ancianos, mujeres, hispanos y segmentos populares, mientras que premia a Obama con el respaldo de jóvenes, afro-americanos y gente educada. Será además muy posible ver a cada candidato exagerando cualquier adhesión, victoria o tendencia que le pueda brindar momentum a su campaña. En el Super Martes, por ejemplo, Hillary calificó de duro revés para Obama su victoria en Massachusetts (restándole importancia a la adhesión de Ted Kennedy en favor del senador de Illinois) mientras que la campaña de Obama resaltó el respaldo recibido por la población masculina blanca sugiriendo un creciente apoyo de parte de uno de los grupos poblacionales que todavía no parece jugar en favor de ningún candidato.
Tradicionalmente, el Super Martes es la consolidación de una candidatura. Este año la historia es diferente. Líneas divisorias afectan a ambos partidos llevando consigo el riesgo implícito de fragmentar el apoyo que los elegidos de cada bando pueden disfrutar en las elecciones presidenciales de noviembre. La delantera de McCain y el empate entre Clinton y Obama, le otorga una ligera ventaja al partido republicano ya que habrá más tiempo de consolidar una candidatura alrededor de McCain que alrededor de Obama o Clinton. Para contrarestar ésto, el partido demócrata deberá mantener un tono cordial en su contienda con el fin de trasmitirle a su electorado un sentido de unión a lo largo de las líneas ideológicas del partido sobre todo cuando éstas se contrastan con los ideales republicanos. De lo contrario, se corre el riesgo de partir en dos la base del partido demócrata poniendo en peligro un regreso a la Casa Blanca que en teoría parece inevitable tal y como lo demuestra la abrumadora participación demócrata en lo que va de estas elecciones.
En todo caso, la inevitabilidad es algo que no pertenece más a esta contienda. Hace un par de meses atrás era inevitable una duelo presidencial entre Clinton y Giuliani, un triunfo de Romney en Iowa y una victoria de Giuliani en Florida. Hace medio año atrás, parecía inevitable la salida de John McCain de la contienda electoral por falta de fondos. De aquí en adelante, lo único cierto es que el concurso electoral de este año seguirá pacientemente buscando estado por estado a los líderes capaces de unir las bases de dos partidos que todavía no logran conciliar las diferencias internas que poseen.
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