miércoles, 13 de febrero de 2008

Obama y McCain ganan terreno fundamental

Con sus triunfos en las primarias del Potomac, Barack Obama se ha montado en un tren que está comenzando a ser difícil de frenar. Parte de dicho argumento se basa en la forma en que el senador ha venido quebrando los segmentos poblacionales que Hillary Clinton pensaba tenía a su favor. Ya no son sólo los jóvenes y afro-americanos los que votan por Obama sino que un considerable segmento de población blanca, hispanos y mujeres poco a poco se han movido hacia el lado del senador brindándole un momentum extraordinario a una campaña cuyo mensaje se basa en la inclusividad.

La campaña Clinton ha decidido ignorar los resultados de las primarias del Potomac. En su lugar, ha comenzado a enfocarse en las primarias de Ohio y Texas a celebrarse el cuatro de marzo ignorando lo que viene el 19 de este mes en Hawai y Wisconsin. Un movimiento que puede ser peligroso si se tiene en cuenta que el momentum de un candidato se construye en el presente y no en el futuro tal y como lo vivió en carne propia Rudy Giuliani. Con dicha estrategia, Clinton pone en riesgo todo ya que una derrota en dichos estados podría significar el final de su campaña.

Por los lados republicanos, John McCain recibió un necesitado triunfo que le devuelve la confianza con respecto al respaldo que puede construir de aquí hasta noviembre. A pesar de que sus victorias en Washington D.C., Maryland y Virginia no son por abrumadores márgenes, le brindan la oportunidad de legitimizar su estatus de candidato de partido.

Los últimos resultados electorales tocan directamente los temas de moda en ambos bandos. Para los demócratas, se trata de ver los problemas que puede acarrear para dicho partido el enredado empate entre Clinton y Obama. Para los republicanos, consiste en darle seguimiento a la estrategia que McCain tendrá que poner a funcionar para ganarse el alma de su partido.

Considerando el empate entre Clinton y Obama, una de las crecientes preocupaciones demócratas recae sobre el papel que los superdelegados tendrán en la definición de dicha contienda. Mientras los delegados son elegidos a través de los comicios y primarias estatales, los superdelegados son activistas de partido cuyo voto no está ligado a ningún interés estatal. Si es que el actual empate se mantiene hasta el final, los superdelegados (casi 800 dentro del partido demócrata) pueden fácilmente entrar a definir todo.

El problema de ésto (como lo anotó una reciente columna de Tad Devine en el New York Times) es que si los superdelegados definen el resultado de la contienda, la gente quedará con la sensación de que su voto al final no contó para nada. Lo anterior podría alienar considerablemente segmentos como el femenino y el afro-americano hiriendo al partido gravemente de cara a las elecciones de noviembre. Devine sugiere que los superdelegados no se adhieran a ninguna campaña sino hasta después de que los delegados hayan sido asignados a cada candidato. A eso precisamente es a lo que aspira Obama sobre todo ahora que por primera vez en esta contienda lidera a Clinton en el número de delegados.

Es indudable que la prolongación del empate entre Clinton y Obama ayuda a McCain. Sin embargo, el senador tiene por delante la quijotesca empresa de ganarse la confianza de la base de su partido y en particular de mejorar su reputación frente a hostigadores de extrema derecha opuestos a su campaña como el comentarista radial Rush Limbaugh. La gran incógnita girará en torno a ver si McCain está dispuesto a ceder en sus posiciones o si por el contrario reforzará su popularidad entre independientes y moderados moviendo su partido hacia el centro.

Las primarias del Potomac le han dado una gran ventaja a Obama sobre las tres presas de caza que están en juego: delegados, segmentos poblacionales y momentum. A McCain le brindan mayor autoridad dentro de su partido facilitándole el diálogo con una derecha que todavía lo mira con desconfianza. Veremos que nos depara la próxima cita electoral.

No hay comentarios: