lunes, 26 de mayo de 2008

Otra oportunidad para decidir

La decisión del próximo 31 de mayo que efectuará el Comité Demócrata Nacional (ente rector del partido demócrata) con respecto a los delegados de Michigan y Florida podría equiparase en importancia a otra primaria. Por el bien de la credibilidad del partido demócrata, lo mejor sería que dicho pronunciamiento terminara de una vez por todas con las aspiraciones presidenciales de Hillary Clinton.

En las últimas dos citas electorales, Hillary Clinton le propinó estruendosas derrotas a Barack Obama en West Virginia y Kentucky. Derrotas que por márgenes extensos reflejan los grandes problemas que Obama está teniendo con el voto de la clase trabajadora blanca en toda la franja de estados situados en los apalaches y la zona industrial del Midwest. A pesar de ésto, la senadora no ha logrado remontar la estrecha pero consolidada ventaja de la cual goza Obama con el voto popular y los delegados de su partido.

Si bien es cierto que Clinton ha pegado duro y la estrategia de haber jugado la carta racial en contra de su oponente ha generado una polarización al interno del partido que le ha favorecido, Obama se encuentra hoy por hoy ad portas de alcanzar la candidatura demócrata gracias a que ha seguido sumando delegados con sus buenas actuaciones en estados como Carolina del Norte y Oregón. Igualmente, muchos de los superdelegados (activistas del partido cuyo voto no está ligado a los resultados de ninguna primaria o comicio) se han ido moviendo poco a poco en favor de la candidatura del senador de Illinois.

Tal vez por frustración propia, Clinton se ha dedicado por estos días a gritar a los cuatro vientos como un Quijote en delirio que ella lidera el voto popular de esta fase de primarias. Dicho delirio podría ser una realidad siempre y cuando el Comité Demócrata Nacional (DNC, por sus siglas en inglés) le otorgue a la senadora los delegados que acaparó en sus victorias de Michigan y Florida. El problema radica en que dichos triunfos fueron simplemente simbólicos ya que estos estados perdieron la totalidad de sus delegados cuando decidieron adelantar sus primarias violando las reglas del DNC. Por la misma razón, Obama no apareció en la balota de Michigan y tampoco hizo campaña en Florida.

Ahora que la campaña Clinton parece estar dándose cuenta de que su plan de persuasión con los superdelegados está fallando, la maquinaria de la senadora ha comenzado a presionar al DNC para que tenga en consideración a los delegados de Michigan y Florida. Si el DNC decide otorgarle a Clinton los delegados obtenidos en dichos estados, la senadora podría retomar el liderazgo de la contienda. Si por el contrario, el DNC decide hacer respetar sus reglas, las esperanzas de Clinton podrían de una vez por todas esfumarse.

Más allá de todo, la pregunta sensata que el partido demócrata debería plantearse ahora es la siguiente: ¿Considerando la forma en que se han desarrollado estas primarias, sería justo que Hillary Clinton ganara la candidatura del partido? La respuesta sensata es no. Si bien es cierto Clinton ha demostrado ser una contendiente ejemplar no nos debemos olvidar que la campaña de la senadora es la misma que pensaba haber aniquilado a Obama en febrero después del Super Martes, la misma que ha jugado una guerra sucia manchada por el divisionismo racial del país y la misma que pretende centrar sus esperanzas de victoria en remover las sanciones contra dos estados que desde el inicio se sabían no estaban en juego para ningún candidato.

Ante una matemática que se le escapa y unos superdelegados que no se han dejado impresionar por sus últimos triunfos, Clinton continúa esperando que un milagro destruya la campaña de Obama. Ejemplo de lo anterior lo deja ver un reciente comentario de la senadora en el que destacaba la importancia de prolongar la contienda demócrata haciendo referencia al asesinato de Robert Keneddy en 1968. El 31 de mayo el DNC tiene la oportunidad de acabar de una vez por todas con un asunto que los superdelegados no han querido resolver.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Punto de quiebre para Obama

La última contienda electoral en Indiana y Carolina del Norte puede significar el punto de quiebre que Barack Obama necesitaba para terminar con las aspiraciones de Hillary Clinton a la candidatura demócrata. Obama pegó duró en el momento en que su campaña atravesaba la peor crisis de estas primarias demostrándole a su partido y a los superdelegados del mismo que tiene las herramientas necesarias para pelear con criterio la Casa Blanca.

Los pronósticos de las encuestas no se equivocaron y tal como se esperaba Hillary Clinton se llevó la victoria en Indiana mientras que Barack Obama se quedó con el voto en Carolina del Norte. Sin embargo, el factor sorpresa lo dio el escaso margen con el cual Clinton ganó en Indiana (51%-49%) y la apabullante victoria que Obama aseguró en Carolina del Norte (56%-42%). Con dichos resultados, la noche se terminó convirtiendo en un gran paso hacia adelante para Obama en su propósito de alcanzar la candidatura del partido demócrata.

Hillary Clinton esperaba que Indiana le diera una victoria similar a la conseguida en Pennsylvania con el objetivo de seguir presentándose como la candidata con más fuerza para derrotar a John McCain en las elecciones de noviembre. Sin embargo, el triunfo en Indiana le resta considerablemente fuerza al caso de persuasión que la senadora está tratando de construir ante los 270 superdelegados que todavía no han decidido a quien apoyar. En Indiana, Clinton demostró que no es tan fuerte como lo quiere hacer ver.

Por su parte, Obama siguió inspirando a la gente y a pesar de haber llegado golpeado por todo el culebrón que la prensa ha montado en torno a la relación con su pastor, el senador de Illinois siguió sumando delegados a sus arcas y consolidando un voto popular cada vez más inalcanzable para Clinton. Lo más importante de todo es que Obama ha demostrado ser capaz de salir a flote en momentos de crisis y de esta forma ser un contendiente ejemplar. Para un candidato que sigue llevando gente a las urnas, ganando adhesiones y recolectando fondos como lo hace Obama las posibilidades de dar una buena pelea ante McCain son buenas y de eso están tomando atenta nota los superdelegados.

A Hillary no le queda mucho por hacer, cerrar la cuenta de delegados comprometidos que Obama lidera será prácticamente imposible y con su pobre margen en Indiana ha sembrado muchas dudas ante los superdelegados que en últimas terminarán definiendo al ganador de la contienda. Sin embargo, dada la forma en que Hillary ha asumido estas primarias, será dificil imaginar que la senadora piense en retirarse. Ahora más que nunca seguramente su campaña comezará a pelear por los delegados de Florida y Michigan que en la actualidad no hacen parte del conteo total de delegados. Vale la pena recordar que dichos estados fueron despojados de sus representantes por haber adelantado sus primarias violando las regulaciones del Comité Nacional Demócrata. A pesar de que Hillary ganó en ambos estados, Obama no hizo campaña en Florida y su nombre ni siquiera hizo parte de la balota en Michigan.

De ahora hasta el 3 de junio cuando se cierre el periodo de primarias no quedan muchos delegados en juego y el peso de los estados no es considerable. Por dicha razón, el virtual empate en Indiana puede significar la estocada final de la campaña Clinton. Si la senadora tuviera un poco de sensatez lo mejor que podría hacer sería retirarse con dignidad sin seguir prolongando su agonía y dañando la imagen del futuro candidato del partido. A Hillary sólo la salva un milagro y su triunfo en Indiana puede, paradójicamente, convertirse en su peor derrota de estas primarias. Obama ha finalmente alcanzado el punto de quiebre que tanto estaba buscando.