martes, 29 de enero de 2008

Una adhesión con sabor a candidatura

El tono que la campaña Clinton le imprimió en Carolina del Sur a la contienda demócrata se convirtió en el último incentivo que Ted Kennedy, hermano del presidente asesinado en 1963 y senador de peso en Capitol Hill, necesitó para adherirse a la campaña de Barack Obama. De hecho, como lo reportó el New York Times, Kennedy y el ex-presidente Clinton al parecer habían tenido una acalorada discusión en la cual el senador criticaba las acusaciones de la campaña Clinton a la integridad de Obama y sobre todo el hecho de haber usado el factor racial como instrumento de campaña política.

El respaldo de Ted Kennedy a la campaña de Obama puede ser la adhesión más importante de toda la contienda política sobre todo porque viene de una figura que porta el estandarte de una familia asociada con un presidente que inspiró a una nación y transformó la política de los Estados Unidos. Según fuentes cercanas a Kennedy, la habilidad que Obama tiene de despertar el interés político de las nuevas generaciones parece haber tenido un peso significante en la decisión del senador. Fue precisamente John F. Kennedy quien en 1960 introdujo su mensaje de cambio hablando de “pasar la antorcha” a una nueva generación. Con la adhesión de Kennedy, Obama ha sido designado como el portador de dicha antorcha.

En una batalla en la que Obama ha sido constantemente atacado por su falta de experiencia, el apoyo de Kennedy (uno de los senadores con más experiencia en el país), contraresta dicha debilidad. Igualmente, le brinda al senador de Illinois un momentum extraordinario de cara al Super Martes del 5 de febrero en el cual los candidatos demócratas se pelearán el 52% de los delegados en juego. El apoyo de Kennedy le brinda igualmente una vía de escape a Obama del laberinto racial en que lo han venido metiendo los Clinton.

Mucho se ha escrito sobre las diferencias de Obama y Clinton. Una y otra vez, diversas fuentes llegan a la conclusión de que los dos senadores comparten prácticamente las mismas posiciones, los mismos planes y han desarrollado la misma agenda política en el Senado. Sin embargo, la gran diferencia radica (como lo esbozó una reciente columna de George Packer en The New Yorker) en la forma en que ambos candidatos ven la presidencia de la nación. Mientras Hillary es una manager, Obama es un visionario. El apoyo de Kennedy simplemente refuerza el aurea de visionario que Obama tiene revitalizando todos los elementos de unión, optimismo y cambio que el senador de Illinois ha introducido en la carrera presidencial.

La maquinaria Clinton ha venido jugando una estrategia agresiva en contra de Obama. En Carolina del Sur el ex-presidente Clinton tiró al ruedo el factor racial equiparando la victoria de Obama con los triunfos obtenidos en el pasado en dicho estado por Jessie Jackson, un candidato que armó su política en torno al voto afro-americano. La estrategia busca definir a Obama como un candidato de voto afro-americano con el fin de atraer el voto de la mayoría blanca y el segmento hispano a la campaña de Hillary.

Si es que dicha estrategia funciona, los dividendos para la senadora serán jugosos en el Super Martes ya que el voto afro-americano será claramente una minoría ese día. En todo caso, lo único cierto es que dicha estrategia ha comenzado a pagar mal con el respaldo que el senador Kennedy le ha dado a la campaña de Obama. Por ahora, el momentum favorece al senador de Illinois gracias al apoyo de una de las más prestigiosas marcas política que existen en los Estados Unidos. Hace cuatro años dicha marca llevó a John Kerry a ganar la candidatura de su partido, veremos si este año logra subir al trono a Obama.

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