Por el peso político y la diversidad de los estados en juego, la cita electoral en Texas, Ohio, Rhode Island y Vermont había sido tratada como una especie de segundo Super Martes. Después de los estupendos resultados obtenidos por Hillary Clinton y John McCain en dichos estados, esta memorable cita ha sido rebautizada como la noche del regreso. Con sus triunfos en Ohio, Texas y Rhode Island, Hillary Clinton se ha levantado con fuerza (después de once derrotas en línea) dispuesta a pelearle la candidatura demócrata a Barack Obama. Por otra parte, la barrida de John McCain en los cuatro estados que estaban en disputa le permite al senador capturar oficialmente la candidatura de su partido transformando una campaña que no valía nada al inicio de la contienda en uno de los regresos políticos más evocables de los últimos tiempos.La victoria de Hillary es muy importante ya que le brinda un momentum a su campaña que le puede generar buenos dividendos en los próximos concursos electorales particularmente en el crucial voto de Pennsylvania del próximo 22 de Abril. Contra todo los convencionalismos políticos, la estrategia de Hillary de jugarse el todo por el todo en Texas y Ohio funcionó y dejó callados a todos aquellos que indirectamente le habían sugerido retirarse y apoyar a Obama. Si bien Hillary puede celebrar con orgullo su regreso triunfal en las urnas, el partido demócrata vuelve a enredar el empate entre sus candidatos dejando abierta la posibiliadd de que dicha contienda se extienda en el tiempo llenándose de hostilidades que podrían generar divisiones irreparables al interno del mismo.
A pesar de dicho temor, la participación demócrata en este periodo de primarias continúa reflejando un entusiasmo descomunal que sobrepasa abiertamente el interés republicano en la contienda. Si es que dicha tendencia se mantiene en las elecciones de noviembre, será prácticamente imposible para los republicanos continuar al mando de la Casa Blanca. En Texas, por ejemplo, Obama quedó de segundo con una cosecha de 1.356.330 votos mientras que McCain ganó la primaria republicana con un respaldo de 709.096 votos. En otras palabras, si Obama y McCain hubieran estado peleando el voto en Texas, Obama le habría ganado el voto al candidato republicano. Por esta misma vía, el argumento de Hillary de presentarse como la mejor opción demócrata por su capacidad de ganar estados grandes como Ohio y Texas, fundamentales para ganar la presidencia, pierde validez ya que los números de Obama en dichos estados son mejores que los del ganador republicano en esas contiendas.
Para contrarestar dicha tendencia en las urnas McCain necesita de tres cosas: Primero, el senador necesita unificar a su partido. Segundo, McCain debe comenzar a destacar su programa nacional contrastándolo con las ideas de Clinton y Obama. Tercero, el senador debe continuar atrayendo el interés de votantes independientes y moderados a su campaña. Si todo lo anterior funciona y el partido demócrata se quiebra en dos, las posibilidades de McCain de ganar la presidencia son más que reales. Por esta razón, el triunfo de McCain esta semana fue doble ya que el voto republicano le dió la candidatura y el voto demócrata le generó el escenario ideal para comenzar a consolidar su campaña a nivel nacional.
A pesar de la derrota, Barack Obama continúa liderando el voto popular, ha ganado más estados hasta el momento y sobre todo sigue liderando el conteo de delegados que al final decidirá la candidatura del partido. Si bien la diferencia entre Obama y Clinton es de más o menos 100 delegados y la balanza se podría en teoría mover para cualquier lado, Hillary debe ser consistente en sus victorias de ahora en adelante si es que de verdad quiere transmitir el mensaje de que su liderazgo no se limita exclusivamente a dar golpes fuertes en estados ricos en delegados.
Por el momento, John McCain goza del mejor panorama político y su partido tiene el factor tiempo como su mejor aliado para construir una candidatura fuerte con miras a las elecciones de noviembre. Al partido demócrata lo continúa favoreciendo el entusiasmo de los votantes pero será vital para sus intereses que sus candidatos comiencen a buscar elementos comunes para atacar la candidatura de McCain. Lo único cierto por el momento es que el estado actual de la contienda muestra un triple empate entre tres senadores que deberán continuar trabajando muy fuerte para alcanzar el tan anhelado trofeo de Pennsylvania Avenue.

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