Después de la victoria de Barack Obama en Mississippi, la carrera demócrata entró en un periodo de seis semanas de suspenso en el cual los candidatos tendrán que mover sus fichas con inteligencia si es que quieren sacar buenos dividendos del voto que Pennsylvania pronunciará el próximo 22 de abril. Una cita crucial que podría definir el tono con el cual se cerrará la fase de primarias.Hay dos factores que jugarán un papel importante en el ambiente político de las próximas semanas: el primero tiene que ver con la estrategia que Obama implementará de aquí en adelante para contrarestar los ataques de Clinton. El segundo, consiste en comenzar a definir la forma en que se va a desempatar la contienda demócrata sobre todo en lo que respecta al papel que los superdelegados tendrán en dicho desenlace.
A pesar del momentum que ha recapturado Obama con sus triunfos en Wyoming y Missisippi, la campaña del senador todavía no ha terminado de asimilar las derrotas en Texas y Ohio. Dicho revés debilitó el mensaje idealista de Obama gracias a una serie de formidables y despiadados ataques de parte de la campaña Clinton que sembraron dudas sobre la viabilidad y el caracter del senador. De la noche a la mañana el “Yes We Can” (si podemos) de Obama se terminó transformando en un “Yes We Can... How?” (si podemos... ¿cómo?) que comienza por cuestionarle al senador su capacidad de ganar en estados trascendentales para alcanzar la Casa Blanca como como California, Nueva York, Texas y Ohio.
El problema para Obama radica sobre todo en que todavía no parece haber encontrado la estrategia apropiada para responder a los duros ataques de Clinton. Para un candidato cuyo éxito se ha basado en el aspecto renovador y positivo del hacer política, meterse a jugar sucio sería perder todo lo que representa su campaña. Como lo expresó el columnista del New York Times David Brooks en un reciente artículo, cada día que Obama aparece como un candidato convencional, es un mal día para Obama. Por tal razón, las próximas seis semanas serán cruciales para el senador ya que de alguna forma tendrá que infundirle agresividad a su campaña evitando cuartear los cimientos que están a la base de su nueva forma de hacer política.
Hillary Clinton seguramente continuará desarrollando una guerra a cuchillo contra su contrincante usando cualquier tipo de argumento que le ayude a cuestionar la capacidad que su rival tiene para dirigir las riendas de la nación. En uno de sus últimos pronunciamientos, la senadora dijo que Obama carece de la experiencia necesaria que ella y el candidato republicano John McCain tienen para manejar el país. Un golpe artero que pone a Obama por debajo de McCain en una elección en la cual supuestamente los demócratas tienen el gran objetivo de retomar la Casa Blanca. Al parecer dicha premisa tiene validez para Clinton siempre y cuando sea ella la elegida para representar a su partido en noviembre.
Lo cierto de todo es que desde Iowa, cuando Hillary dijo con un tono cínico “ahora comienza la parte divertida”, su campaña ha hecho uso de toda clase de diatribas para desmoronar el aura que Obama ha construído en torno a su campaña. Por momentos el tono de los ataques se ha mantenido en niveles decentes pero en otras instancias, especialmente cuando la estrategia Clinton ha jugado con el factor racial como recientemente lo hiciera la ex-integrante de campaña Geraldine Ferraro, las maniobras de Clinton nos han hecho recordar que aún en la democracia más dinámica del mundo, la política sigue siendo un negocio sucio.
Una reciente columna de Ryan Lizza en The New Yorker afirma que los ataques de Clinton sólo hacen de Barack Obama un mejor candidato ya que le están enseñando al senador como defenderse. Igualmente, otros analistas ven con buenos ojos la atención que están recibiendo los dos candidatos demócratas. Sin embargo, los términos en que Hillary ha planteado la batalla pueden crear una división gigante al interno del partido que le puede costar la Casa Blanca a los demócratas. A la larga todo dependerá de la forma en que se quiebre el empate entre los dos candidatos y de eso precisamente tratará la segunda parte de este artículo.

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