miércoles, 24 de octubre de 2007

Discursos Paranoicos

Uno de los grandes retos que deberá afrontar el nuevo presidente de los Estados Unidos se llama Irán. Después de tantos sinsabores y amarguras en Iraq, es difícil imaginar que Washington tenga ganas de iniciar un conflicto bélico con la república islámica. Sin embargo, preocupa saber que los candidatos que lideran las encuestas presidenciales parecen considerar la opción militar contra dicho país como una opción válida. Al menos así lo demuestra un reciente voto de Hillary Clinton en el senado y el grupo de asesores detrás de la campaña de Rudy Giuliani.

En una reciente sesión de Capitol Hill, los senadores Joseph Lieberman de Connecticut y Jon Kyl de Arizona sometieron y pasaron éxitosamente en el senado estadounidense (76 votos a favor y 22 en contra) una enmienda conocida como la Sense of Senate on Iran, a través de la cual el órgano legislativo expresó su deseo de encontrar nuevos mecanismos para presionar a Irán. El aparte más controversial de dicha enmienda consiste en que le otorga el status de organización terrorista a la Guardia Revolucionaria iraní, el más prestigioso ente militar de dicho país.

Muchos analistas y críticos de dicha enmienda han visto en la misma una razón adicional para justificar una posible intervención armada contra Irán. Por tal motivo, a todos ha sorprendido ver el nombre de Hillary Clinton en la lista de senadores que votó a favor de la ponencia. La senadora se ha defendido de los ataques provenientes de oponentes demócratas y facciones liberales diciendo que el voto refleja simplemente su deseo de incrementar la presión diplomática sobre Irán. Sin embargo, la lógica detrás del voto podría ser otra.

Tal vez pensando desde ahora en un posible enfrentamiento con Giuliani o Romney (segundo en las encuestas republicanas), Hillary ha optado por comenzar a desacreditar a sus críticos en la derecha con acciones que la presenten como una persona capaz de manejar con mano firme la política internacional del país. Además de lo anterior, el voto le asegura a Clinton el respaldo del lobby judío el cual es importante para sus aspiraciones presidenciales. Sea cual sea la razón que haya motivado ese voto, el juicio de la senadora cae como un balde de agua fría para aquellos que desean ver una estrategia internacional diferente en la Casa Blanca.

Si de cambio de estrategia se trata, poco o nada sucederá en caso de que Rudy Giuliani alcance la presidencia del país. De hecho, mientras prácticamente todos los candidatos republicanos tienden a alejarse de cualquier política asociada con George W. Bush, el ex-alcalde de Nueva York es el único que abraza la estrategia neoconservadora de la administración actual. El hecho de tener un equipo de asesores que incluye individuos como Norman Phodoretz (uno de los fundadores del movimiento neoconservador y promotor de un bombardeo sobre Irán), Stephen Rose (profesor de Harvard que apoya un incremento del presupuesto de defensa nacional) y Daniel Pipes (consultor en favor de un seguimiento detallado de la población musulmana de Estados Unidos), es la muestra palpable de las ideas que moldean la campaña de Giuliani.

Si bien es cierto el equipo de Giuliani no está formado exclusivamente por extremistas conservadores, es claro que el candidato republicano favorece una política dura en contra de Irán y de cualquier nación que encaje dentro de lo que él considera un enemigo facista islámico. Como lo expresó una reciente columna de Michael Hirsh en Newsweek, dicha imagen de hombre duro podría en últimas brindarle la presidencia a Giuliani siempre y cuando logre convencer a los estadounidenses que bajo una administración suya el país estará mejor protegido que bajo una de Clinton.

Ciertamente, para el mundo occidental la idea de un Ahmadinejah con armas nucleares genera mucho más miedo que la idea de otro presidente de Estados Unidos invadiendo un país. Sin embargo, una aventura bélica en Irán sería un descalabro de infinitas proporciones mucho peor que el de Iraq. Por esta razón, genera intranquilidad la serie de pronunciamientos de Clinton y Giuliani con respecto a la república islámica. Cuando se creía que la estrategia de guerras preventivas adoptada por Bush estaba mandada a recoger, los candidatos a la presidencia nos recuerdan una vez más que el discurso político en Estados Unidos continúa dominado por la paranoia de la guerra contra el terrorismo. Una paranoia simplista bajo la cual cualquier cosa es posible.

No hay comentarios: